Diario De las artes

bernardo Palomo

De México, lindo testimonio pictórico

UNO de los edificios más interesantes, arquitectónicamente, de la ciudad de Cádiz es aquella antigua Cárcel Real que el arquitecto Torcuato Benjumeda diseñó en 1794 y que los gaditanos del presente lo hemos visto con otras funciones distintas para la que fue concebida hasta llegar a lo que es hoy, Casa de Iberoamérica, después de los acontecimientos de la celebración del Bicentenario de la Constitución de Cádiz de 1812 y de la Capitalidad Iberoaméricana de la Cultura. Precisamente, con tal motivo, en el bello edificio del Campo del Sur se han celebrado importantes eventos expositivos con el arte y la cultura de los pueblos hispanoamericanos como centro de interés.

Pasados los fastos conmemorativos, en las salas del otrora presidio, el espectador tiene la oportunidad de contemplar el magnífico trabajo escultórico de Cornelis Zitmann en una muestra que continuará de forma permanente y, al mismo tiempo, dos exposiciones de otros tantos artistas mexicanos, Carlos Vidal y Miguel Condé.

En estos tiempos de absoluta sequía, el Ayuntamiento que dirige Teófila Martínez, ha sabido con buen criterio, asumir la realidad existente y ya que es difícil - o más bien imposible - sacar de donde no hay, y buscar donde hay para traer hasta Cádiz importantes exposiciones que aporten contenido a los espléndidos espacios expositivos existentes en la ciudad. Por eso, se ha valido, para completar el panorama que relacione Cádiz con Iberamericana, de una de las instituciones que, probablemente, mayor cantidad y calidad de manifestaciones artísticas tenga con Hispanoamérica como eje central de sus actuaciones, la Fundación José Félix Llopis.

La filiación mexicana de MIGUEL CONDÉ es un poco arbitraria, toda vez que nació en Estados Unidos - Pittsburgh, 1934 -, vivió en parís y en Nueva York y, actualmente, reside en España, lo que le infiere la calidad de un pintor con nacionalidad abierta y sin fronteras, la situación ideal del artista que se precie y sea ciudadano de su tiempo.

La muestra que encontramos en la Cárcel Real, no excesivamente amplia en cantidad, conduce al espectador por una pintura exultante en continente y contenido, clásica en la utilización de la materia pictórica que nos adentra en los impactos coloristas de la pintura italiana, con un desarrollo representativo inundado de personajes, de actitudes y de posiciones existenciales, mediatas y llenas de simbolismos.

Miguel Condé nos hace transitar por una humanidad llena de sensaciones ilimitadas donde lo real pierde su emocionante testimonio para recrear una nueva escenografía surrealista, casi grotesca, llena de ironías, de absurdos y de enigmáticas figuras que deambulan por unos espacios intensamente coloristas que contrastan con la imagen representada. Se trata de una muestra que atrapa la mirada, deja en suspenso la realidad y transporta a los espacios inquietantes de una humanidad imposible y, muchas veces, embaucadora.

El otro artista mexicano que ocupa otro de los espacios del edificio creado por Torcuato José Benjumeda es CARLOS VIDAL, pintor nacido en Chiapas, presentándonos veinticinco obras bajo el sugerente título de "Preparativos para pasar la noche en un espejo", una muy buena serie de piezas que el autor realiza a modo de caleisdoscopio donde se yuxtaponen retazos de una realidad que el pintor mexicano parece rescatar del fondo de la memoria. En un fondo colorista de suma sensualidad y de muy bien elegida pigmentación, a veces de aplastante exuberancia, se plantean inconexos trozos de una dispar existencia a la que se le ha extraído momentos de su discurrir para sustraerle episodios que parecen surgir de los arbitrarios recodos de un pasado inquietante.

Carlos Vidal plasma como en un espejo, aquello que el azogue del tiempo ha retenido y que la mirada lo hace eterno. Estamos ante una obra densa, conceptual, imaginativa y llena de compromisos, donde la realidad fragmenta sus posiciones para crear ilusionantes espacios de emotividad.

La Casa de Iberoamérica mantiene su apuesta expectante por un Arte Latinoamericano cercano que abre infinitas perspectivas y que sigue manteniendo alto el contenido expositivo para la que fue creada. Por eso, cuando muchos dejan vacías las programaciones artísticas amparadas en los infinitos problemas económicos, no saben que existen infinitas posibilidades hasta donde acudir. Siempre lo he manifestado, peor es la crisis de ideas.

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