Militares retirados han firmado estos días escritos contra el gobierno legítimo – al que menosprecian y puentean poniéndose directamente a las órdenes del Rey - obsesionados con la unidad de la patria y, aún más allá, sugiriendo la posibilidad de “actuar”. El lenguaje se impregna de un tono faltón y rancio que asume con mimetismo el discurso – tantas veces faltón y rancio - de VOX. Se trata de gente oportunista y, desde luego, nada leal.

Se acogen a su condición de retirados para ejercer la libertad de expresión pero, a la vez, siguen siendo militares dispuestos a lo que el Rey ordene. ¿Y los chats de los bombardeos y fusilamientos? Por cierto, en proporción, en Jerez tendrían que fusilar a más de cien mil personas. ¿A quién? ¿Por dónde empezarían? ¿En qué cuneta los enterrarían? ¿Habría hoy – como antes - quien dejara sus fincas para albergar fosas comunes?

Esto no llegará a nada. En la sociedad y el Ejército hay suficiente gente con cabeza como para impedir cualquier astracanada así. Pero, aunque se diga que todo está controlado, actuaciones como estas son sonrojantes e incómodas. ¿Por qué no se dan con igual fuerza en otros colectivos (abogados, profesores, sanitarios, empresarios…)?

Los firmantes de los escritos han estado en activo, con mando, hasta hace poco. ¿Cómo se comportaron en el día a día? ¿A quién han promocionado? ¿Qué valores e ideario han transmitido? ¿Cómo han llegado algunos a tan alta graduación? ¿Pasaría algo parecido en otro ejército europeo? Nos guste o no, este tipo de actuaciones – coordinadas y organizadas – muestran que al Ejército Español – como institución - aún le falta un hervor de modernidad. Alguien, desde la legitimidad democrática, debería tomar cartas en el asunto y reformar el sistema actual de selección y formación del personal militar.

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