El País nos informa de que "científicos españoles crean en China 132 embriones con mezcla de mono y humano". Ojalá fuese tan ciencia ficción como parece: "La comunidad científica se refiere a estas estructuras como quimeras, en referencia a los monstruos con cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón de la mitología griega".

Desde lo religioso, la dimensión sacrílega es evidente, pero, para que no se le escape a nadie, la revista científica Cell ha ilustrado la noticia-bomba "con una alegoría de 'La creación de Adán', el fresco de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina en el que la mano del Dios [en minúscula en El País] bíblico da vida al primer hombre de la tradición cristiana. En el nuevo dibujo, una mano de mono y otra humana parecen insuflar energía a un embrión mixto".

No sólo los convencidos de la sacralidad de la vida sentimos rechazo. Desde el ámbito científico, Christine Mummery, presidenta de la Sociedad Internacional para la Investigación con Células Madre, piensa, con muchos otros, que "están traspasando los límites éticos y científicos establecidos".

Ni cabría en la cabeza que la sensibilidad ecologista no reaccionase. Por el ser humano, y por el macaco cangrejero, con los que se hacen estas pruebas, y por los cerdos, con los que se pretenden criar, finalmente, estas quimeras porcino-humanas. En principio, para extraerles trasplantes. Que en estos tipos de investigación (no queda claro en la noticia si en ésta en concreto) se usen embriones humanos sobrantes de las clínicas de fertilidad intranquilizará otras conciencias.

Perdonen el rápido repaso de un tema tan complejo, pero es suficiente para que concordemos con el filósofo Fabriçe Hadjadj en que hoy "la tarea más fundamental, más radical es la de preservar la condición humana". Lo profetizó Albert Camus en 1957 durante la ceremonia de entrega del Nobel: "Cada generación está destinada a rehacer el mundo. La mía sabe […] que su tarea es quizá mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga".

Hay un conservadurismo o conservacionismo previo a lo ideológico. A pesar de las distintas sensibilidades políticas de partida o de partido, hemos de hacernos fuertes en este terreno, sentido y denominador común. Llevamos tiempo traspasando barreras éticas con el pretexto de las buenas intenciones, de la ciencia o del progreso; pero el fin no justifica los medios; y además el fin no va a ser nada bueno.

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