Llevo observando de un tiempo a esta parte cómo está proliferando una estética femenina de lo más desagradable. Desagradable no sólo ya por lo desafortunado de sus indumentarias - minifaldas de corte minúsculo, pantaloncitos ajustados hasta parecer incrustados, camisetas de rotulación hortera y no excesivamente limpias, gafas de grandes monturas - sino, y ahí viene lo peor, por sus ademanes poco juiciosos, voces estentóreas y vocabulario peor que soez. Uno, de habitual observador de actitudes callejeras y, por tanto, sufridor callado de esta sociedad poco ejemplarizante, descubrió atónito esta nueva jauría urbana y rápidamente preguntó de dónde provenía tales especímenes, temiéndome que saldría, casi seguro, de uno de esos imposibles e insufribles programas televisivos. Así era. Todo respondía a los descaros y poco correctas actuaciones de una concursante en un programa de moda y, desgraciadamente, con muchísima aceptación. La misma, según mi habitual informante de temas de televisión, fue en otrora protagonista de otra serie donde se destacó por sus pocas edificantes acciones de, como se dice ahora, joven desestructurada que arremetía impunemente contra todo y contra todos. Tales situaciones parecen que le sirvió como premio para ser incluida en ese programa donde otra serie de famosetes - o lo que fueren - debían sobrevivir en una isla deshabitada. Por lo visto la joven se ha destacado por sus acciones extremas y, en ocasiones, por sus lenguaraces expresiones. Circunstancias que han calado en cierta parte de nuestra descocada juventud que ha adoptado a la joven como modelo a seguir. Un ejemplo más de lo bueno que ofrecen esos programitas tan queridos por esa cadena afecta a lo más podredumbre que acontece en la sociedad y que sirve para que nuestros equivocados jóvenes se miren y encuentren prototipos a seguir. ¡ Una pena !

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