Paisaje urbano

Muchachos en manifestación

Me pregunto dónde nos lleva este ejercicio descontrolado de la lucha de género, y a quién beneficia

A lo lejos se les venía venir, todavía irreconocibles sus cánticos detrás de los coches de policía que abrían la marcha sobre la calle céntrica cortada al tráfico, pero ya desde la distancia sobresalía alguna bandera con los colores del arcoíris, por lo que suponíamos la marcha tendría como discurso la política de género. Bajamos el ritmo de paso para confluir en la misma calle peatonal hasta casi confundirnos con la manifestación, andando junto a ellos hasta nuestro destino cercano.

Eran en su mayoría gente joven que iba charlando alegremente con sus mochilas al hombro, despreocupada, con ese aspecto descuidado de la juventud. No tuve ningún problema en atravesar la multitud cual bulla de Semana Santa, y todos a los que le pedí paso me lo facilitaron con amabilidad. En la cabeza de la manifestación, una chica con un megáfono dirigía las proclamas a la plebe. Me sorprendió sin embargo el contenido muy ideologizado, agresivo, incluso insultante, de las frases, que contrastaba con la edad y la actitud pacífica, más festiva que violenta, de los manifestantes.

Ya de vuelta pregunté en un comercio cercano por la manifestación y la identidad de sus promotores, y entonces me enteré que ese día había sido convocada una huelga de estudiantes a nivel nacional, que implicaba a todos los cursos desde Secundaria. Más tarde he sabido que protestaban contra el machismo en las aulas e incluso leí algunas declaraciones de sus cabecillas donde abogaban por incorporar una asignatura de educación sexual "inclusiva, obligatoria y evaluable", hecho al parecer no previsto en los planes del Gobierno al respecto. Sin entrar en ese debate, que tampoco es nuevo, me pregunto qué legitimación tiene una asociación del tipo que sea para convocar una huelga a nivel nacional, aunque la misma no sea secundada por otras muchas instituciones educativas. Dónde nos lleva este ejercicio descontrolado de la lucha de género, y a quién beneficia. Y más aún, qué pinta un chico (o una chica) de catorce años pidiendo un cambio de ley mientras vocea estribillos de mal gusto en horas de clase.

En Andalucía soportamos un 45% de paro juvenil, el más alto de España, y notables carencias en Educación pese a los esfuerzos por mejorarla, pero eso parece importar poco a quienes sin pararse en barrera alguna expanden sus ideas sectarias incluso utilizando para ello a los más manejables.

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