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Nacionalismo y contradicción

El nacionalismo es territorio de la asimetría en el Derecho, en la Fiscalidad y hasta en la lógica elemental

Ahora resulta que si el Congreso otorga el suplicatorio a Homs para que le juzgue el Tribunal Supremo por desacato al organizar un referéndum ilegal, lo de España será "una vergüenza". De manera, deduzco yo (pero no los nacionalistas, ay) que todas las veces que las instituciones han hecho la vista gorda a las ilegalidades y las inconstitucionalidades diferenciales, deberían haberse sentido orgullosos de España. A estas alturas, serían unos patriotas.

España es, por tanto, este país o el Estado del que cabe sentirse decepcionado, pero no, aunque haga justo lo contrario, satisfecho. Satisfecho, jamás. El nacionalismo: aquella ideología donde no rige el principio de no contradicción ni cabe la equidistancia. El territorio de la asimetría en el Derecho, en la Fiscalidad y hasta en la lógica elemental.

Están en contra de los aforamientos y de que se los quiten. De la soberanía nacional, pero no del Parlamento, donde reside, y del que cobran. El derecho de autodeterminación vale para las regiones; para las comarcas (véase el Valle de Arán), para las ciudades (obsérvese Barcelona) o para los barrios (a saber, Sarriá), no. Esos no pueden votar: con ellos la lírica de las urnas no cuenta, ni hablar. Cumplen las leyes según les gusten y las suyas se cumplen sin rechistar. Los toros no, pero los correbous, sí, claro. Y suma y sigue, pero nunca restes, eh.

Por esto resulta tan farragoso negociar con ellos. ¿Han jugado ustedes alguna vez al ajedrez o a las cartas con alguien que no conoce las reglas y que no sabe ni lo básico? Es desconcertante. No hay manera de armar una estrategia razonable, por mucho que lo intentes. Es sincronizar relojes blandos de Dalí.

El peligro del pacto del Partido Socialista de Euskadi con los nacionalistas vascos vendrá por ahí. Se han comprometido a defender ese lenguaje bífido y esa actuación transversal, en la que lo tuyo es mío y lo mío, mío. Y el Gobierno de España y los mismos ideólogos de Ciudadanos, incluso, están intentando abrir los canales de comunicación política con los nacionalistas; y uno no discute que tengan muy buenas intenciones, pero atisba un futuro embrollado o, como mínimo, una conversación de besugos. Que maldita gracia tiene cuando se habla de nuestra igualdad y de la esencia de este viejo país del que algunos estamos muy orgullosos y, a veces, avergonzados, sí, pero unas veces por unas cosas y otras por las contrarias.

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