José Castaño Rubiales

La Noche de Jesus y la bodega de devociones jerezanas

UNA Noche de Jesús más, los recuerdos de los antiguos perfumes por las calles jerezanas cuando llegaba la vendimia y se llenaban de inconfundibles olores de los mostos fermentando, me parecieron volver de nuevo.Estos eran unos aromas que hacían recordar que nuestras viñas, un año más, nos ofrecían el producto de la vid gracias al trabajo de los hombres y la bendición del Todopoderoso.

Indudablemente, Jerez desde su fundación, fue el lugar ideal donde Dios eligió para que fuese su viña y que los productos de sus vides en los altares, se convirtiesen en el camino de salvación de la humanidad.Contemplando, uno año más los pasos y los cortejos de las hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno desfilando por esas mismas calles, me llegaron los mismos aromas septembrinos, solo que era primavera y los azahares parecían porfiar con efluvios bodeguero llenos de devociones que habían aparecidos en mis recuerdos,

Mirando a los cientos de niños y niñas que seguían felices el paso de San Juan, pensé que no era una ensoñación, que un nuevo mosto de devociones nazarenas llegaba perfumando una vez más las calles de Jerez en una Noche de Jesús.

Comprendí la razón por la que había imaginado que la madrugada jerezana se me había figurado, que en esa gran bodega, San Juan de la Letrán, se hacía el milagro en primavera donde sus niños y niñas perfumaban con su infantiles incipientes devociones, sus ansías de que fuesen llevados al cuarto de muestra de su bodega devocional, para que, con sus cristianas conductas, fuesen clasificadas como futuras y mejores soleras nazarenas.

Sí; porque, ellos y ellas, tenían a su lado las más viejas soleras de la más autentica de la Semana Santa Jerezana. Esos veteranos hermanos siempre dispuestos a rociar a estos nuevos mostos nazarenos, para que fuesen adquiriendo la calidad como cofrades del mejor jerez.

Quizás por ello, al llegar a Cristina, me convencí de que la Noche de Jesús se había convertido en una gran bodega jerezana y que de ella salían los inconfundibles aromas impregnados de esperanza. Nuestras viñas, la del Señor, seguirán dándonos el maravilloso fruto de la fe cristiana. ‏

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