Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Nuria Espert y la esperanza

Hablar durante casi una hora con Nuria Espert, la gran dama del teatro español, encima de un escenario da para mucho. También para explicarse por qué España sigue siendo un país con una envidiable fortaleza social a pesar del deterioro creciente de su situación política. Tuve el privilegio de hacerlo hace un par de días, en un acto organizado por la Fundación Manuel Alcántara en la sede de Cajasol de Sevilla con motivo del 92 aniversario de la reunión fundacional de la Generación del 27.

Nuria Espert, desde la atalaya que le da una carrera profesional desarrollada a lo largo de seis décadas y sus envidiables 84 años, atesora vivencias y recuerdos de una riqueza impresionante. Ella fue, junto con el director Víctor García y su marido Armando Moreno, quien recuperó en los años todavía oscuros del último franquismo el teatro de Federico García Lorca con un espectacular montaje de Yerma, tras vencer las reticencias de la familia Lorca y superar los mil obstáculos de la censura. O la que se atrevió como directora a llevar a Londres en 1986 La casa de Bernarda Alba interpretada por Glenda Jackson.

El teatro español de la segunda mitad del siglo XX y de las primeras décadas del XXI no se entendería sin Nuria Espert. Pero no se trata de reflejar aquí una trayectoria que mereció el premio Príncipe de Asturias. No cabría en este artículo ni es su propósito. Sí lo es reivindicar el papel de un vasto movimiento cultural que de alguna forma tendría su entronque en lo que supuso la Generación del 27 y la II República, trágicamente segado por la guerra civil. El testigo lo tomó, en unas condiciones especialmente difíciles por la dictadura, otra generación de creadores de la que Nuria Espert es todavía hoy una magnífica realidad y que está en la base de nuestra fortaleza social y cultural.

Es esa fortaleza la que le da a España un armazón sólido capaz de aguantar la mediocridad en la que se ha instalado la vida institucional y política en los últimos años. Espert, que si de algo sabe es de dramas, considera que los independentistas son un furúnculo que enferma la Cataluña en la que empezó su carrera y que fue durante décadas un modelo de efervescencia creadora hoy arrasada por el nacionalismo. Pero no todo está perdido. Mientras el mundo del pensamiento y de la creación esté vivo, este país tiene motivos para la esperanza. Y Nuria Espert -84 años de teatro y vida la contemplan- es una feliz constatación de que esa esperanza es una realidad.

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