El balcón

Otegi mira a sus presos

El jefe de Bildu no es capaz de decirle a quienes han pasado décadas en la cárcel que ha sido para nada

En el décimo aniversario del final de ETA, el ex presidente Zapatero dijo el martes en Guernica una frase que ha pasado desapercibida: "Siempre me he expresado en favor de la generosidad de la democracia y mantendré ese principio". ¿Insinuaba beneficios para los presos de la banda? Se podría deducir de una serie de frases. La primera, el lunes 18. Otegi, jefe político del conglomerado ultranacionalista que acompañó la locura criminal, acaparó los focos con una disculpa: que sentían el dolor de las víctimas, que nunca debería haberse producido y que intentarían aliviar el daño causado.

Acto segundo. Tras la declaración de Otegi, el secretario general de Sortu (Rodríguez de apellido) habló de presos políticos. Tercer acto. En la tarde del lunes, Otegi dijo a militantes de su organización que EH Bildu votaría los Presupuestos Generales del Estado a cambio de que salieran sus 200 presos de la cárcel. El cuadro lo completaba al día siguiente ZP, invocando la generosidad de la democracia. Otegi, sin embargo, no llegó a condenar la violencia etarra, ni a pedir perdón de manera expresa. Probablemente no pueda. En el aniversario del final de la banda todo el mundo ha puesto su mirada en la parte más noble de este drama: las víctimas inocentes, que son todas, fuera cual fuese su ocupación, cargo o partido político.

Otegi gira el objetivo 180 grados y mira en el lado oscuro a sus presos. Asesinos y cómplices, alguno de los cuales ha pasado décadas en prisión, no sólo han destruido la vida a sus víctimas; también han arruinado las suyas y las de sus familias por un delirio. Y a quienes se han podrido en la cárcel, no puede decirles que ha sido para nada. Tiene que explicarles que los 64 muertos de 1978, propiciaron la disposición adicional primera de la Constitución, que los 84 muertos de 1979 facilitaron un cálculo del cupo vasco muy barato acordado por UCD y PNV, que los 93 muertos de 1980 llevaron al golpe de Estado del 23 de febrero del año siguiente, gran objetivo de la banda, que fracasó. Por eso al salir de la cárcel les hacen homenajes como a héroes. El entorno ultranacionalista es un mundo cerrado; durante los años de plomo hubo profesores de universidad, sindicalistas y curas que ampararon y justificaron la violencia. ¿Cómo pudieron?

Las disculpas de Otegi han producido división de opiniones. A portavoces del PSOE les han parecido positivas, pero al Gobierno insuficientes. Y Zapatero sostuvo que son de gran trascendencia antes de abrir la puerta de la generosidad.

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