La nicolumna

Nicolás Montoya

Paseillos toreros

NI el de Curro Romero o el de Rafael, para paseíllo con garbo el que en estos días está en boca de todos. Paseíllo con todos sus avíos, en el ruedo, con las bestias cerca, a punto de morder el polvo y con el morbo del anfiteatro ante tamaña afrenta. Es la justicia que tenemos. Son las formas más que otra cosa. Y cómo sigamos así, en poco tiempo, todos estaremos haciendo el paseíllo para cortarnos la coleta antes de que nos peguen la cornada. El espíritu jurídico de un país se descubre observando en qué punto de evolución de la idea de justicia está concentrada su atención. Los códigos tienen poco valor. Valen de forma objetiva, pero es el ser humano el que los interpreta.

Por eso, las leyes que este país siempre ha acatado le vienen de fuera, de dominaciones de ultramar, de las del marenostrum o de las hordas alemanas actuales. De los espectáculos yankees para todo. En las distancias cortas también hay paseíllos por la calle Consistorio o cerca de las delegaciones municipales. Salen a la hora en que se tocan los clarines, van juntos sin mirar al público con cara de circunstancias, se colocan en fila guardando las distancias y aparecen como fiel reflejo de una cuadrilla taurina al uso en el lugar adecuado para la foto. Son paseíllos en su salsa. En la de los ficticios. Desde que algún faraón al que le encanta Jerez dijera aquello de lo de la justicia, solo hay ejemplos que ponen en valor lo dicho. Es mucho más. Mediatizada por los medios y educada por los medios audiovisuales, nada ni nadie responde ante la justicia sin pasar por el espectáculo del escarnio público en facebook, en la tele o en el streaming de turno. Los modelitos de la juez Alaya están creando impronta. Las correrías de los trajes de chaquetas de los abogados parecen clonadas. Las corbatas de los engreídos y las tablets de los modernillos aparecen como moneda de cambio. Todo nos hace ver que no es justo. Que no todo es igual para todos y que se pierde el norte porque el bosque no deja ver lo esencial. Lo de siempre.

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