La Crestería

Manuel Sotelino

Patrimonio Irving

SI hace unos días escribía sobre la relación entre Salvador Allende con Jerez -que por cierto no es ninguna-, hoy subo rumbo al norte a través del mapa americano para buscar la figura de Washington Irving, el cual tampoco estuvo por Jerez, dicho sea de paso. También sabemos desde el bachillerato, o si alguien se ha tomado la 'molestia' de acudir a una de las ciudades más bellas como es Granada, que Irving fue un escritor y diplomático neoyorkino que está catalogado en el grupo de los románticos. Aquellos que escribían en el siglo XIX que en Andalucía hacía tanto calor que parecía que los demonios vomitaban fuego desde los sótanos de la Tierra. Sería que ya se estaba gestando el cambio climático. Irving fue un viajero incansable a caballo entre los siglos dieciocho y diecinueve. Mantuvo un interés especial por el arte Andalusí. Su ruta en la búsqueda de los vestigios islámicos por el sur de España le lleva a hacer un recorrido casi mágico entre Sevilla y Granada. En esta última ciudad, queda enamorado de la Alhambra hasta el punto de llegar a vivir entre sus aristas durante un tiempo. Un monumento que estaba dejado de la mano de Dios y que Irving puso en valor.

Lástima que Washington Irving no viniera a Jerez. Si hubiese pasado por nuestra ciudad, hubiera situado su estancia en la Torre Octogonal. O en el palacio de Riquelme, en el corazón del viejo barrio de San Mateo que debería ser un crisol en lugar de una imagen casi macabra. Hace unos días estuve paseando por la Alhambra y releí esa literatura clara y enamorada del escritor estadounidense. Qué suerte tuvieron los granadinos. Al menos tuvieron un americano que llegó, vio y venció. A nosotros nos faltó la visita de un romántico que hubiera descrito los olores de las viejas botas de vino. Otro gallo nos hubiera cantado aunque se hubieran escrito bajo el título de 'Cuentos de Jerez'.

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