Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Pedro sólo es no

¿Qué ocurría si Sánchez gana? Volvería a intentarlo, a acercarse a Iglesias, a tontear con ERC, a presentarse y a perder otra vez

Pepe Bono fue quien terminó de convencer a Susana Díaz de que debía apoyar a aquel joven diputado llamado Pedro Sánchez, lo hizo y detrás de él puso a todo el PSOE andaluz, aunque el manchego fue advertido por la andaluza: "Pero que sepas que nos equivocamos". Y tanto, ni Susana Díaz ni Pepe Bono sabían cuánto. El demérito de Sánchez no ha sido perder dos elecciones generales; en estas circunstancias le pudo pasar a cualquier otro -a Madina o a Díaz si hubiesen sido ellos-, no, el problema es que el ex secretario general supone un serio riesgo para la integridad del PSOE. Pensemos: ¿qué ocurriría si Sánchez gana estas primarias? Volvería a intentarlo, volvería a acercarse a Pablo Iglesias, volvería a tontear con Esquerra Republicana, volvería a amagar con una moción de censura, volvería a presentarse a las elecciones generales, volvería a perder y volveríamos a meses y meses de incertidumbre porque este hombre está incapacitado para admitir la derrota. Aunque sea injusto, hay veces que es mejor darse por vencido.

Quizás la militancia del PSOE esté dolida con la casta del partido: como todos. El malestar se ha convertido en una ideología, pero no todos terminamos votando a Trump, a Pablo Iglesias, a Le Pen o contra Renzi para quitarnos el amargor. Los ex presidentes de gobiernos socialistas, los ex secretarios generales, los barones, los alcaldes, los diputados, los secretarios provinciales, el aparato, la gestora, el gerente de Ferraz, sí, todos ellos saldrían muy jodidos esa noche. ¿Y qué? Al día siguiente, el no volvería a instalarse en Ferraz, el partido estaría roto y la izquierda española se habría instalado de forma definitiva en la senda italiana, no en la alemana.

Esta conclusión es compartida por la inmensa mayoría del partido, aunque una parte del PSOE sigue siendo pedrista por oposición y rechazo a Susana Díaz, son más antisusanistas que sanchistas, más allá de la ilusión en la victoria de su líder, no hay nada para el día de después, el dulce pero evanescente sabor de la venganza. Piensen: ¿por qué casi todos aquellos que estuvieron con Pedro Sánchez hasta su hundimiento están ahora con Patxi López? ¿Qué le habrán visto los Luena, Óscar López, Rodolfo Ares para salir corriendo? La propia campaña de Sánchez demuestra que para él es más importante la victoria que el partido: hay que reventar las calderas, embarrar, poner en duda la limpieza del proceso, la legitimidad de la gestora para, después, dudar de los resultados.

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