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La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

Pedro vuelve al monocolor

Zanjado a su favor el asunto Navarra, Pedro moviliza a la 'sociedad civil' para que Pablo lo invista sin entrar en el Gobierno

Reincide, Pedro Sánchez, en sus obsesiones e identidades (más de una, distintas según necesidades y coyunturas). Se trata del poder, cueste lo que cueste. Vuelve a la carga apelando a la responsabilidad de los otros partidos para que le dejen gobernar y no hagan recaer la estabilidad de España en los independentistas al tiempo que bendice que en Navarra el PSOE gobierne con los independentistas y gracias a la abstención de quienes son algo más que independentistas: herederos desarmados del terrorismo que organizan homenajes a los pistoleros no arrepentidos y lo llaman normalidad. No es que el Gobierno navarro sea un "homenaje público a ETA", como ha dicho la nueva portavoz del PP -enorme error de Pablo Casado-, pero sí una peligrosa aventura nacida de la ambición y nutrida por el oportunismo. ¿Se debe colocar un cordón sanitario a Vox y no a Bildu?

Zanjado a su favor el asunto Navarra, Sánchez ha tomado dos decisiones tácticamente impecables. Una, quedarse en Madrid mientras la inmensa mayoría de los diputados se van de vacaciones sin haber hecho su trabajo pero cobrándolo igual, reflejando que está más preocupado por el país en la Moncloa que en Doñana. Y dos, presionar a Unidas Podemos utilizando a lo que pomposamente llaman sociedad civil para disparar el último cartucho de su investidura: el Gobierno progresista, pero monocolor. O sea, Portugal y Dinamarca, no las coaliciones de los otros diecinueve Estados de la UE.

Que resulta ser lo que propuso Pedro Sánchez al inicio del proceso negociador con Pablo Iglesias. Sí, el Gobierno de cooperación, con un programa pactado y respaldo externo, fue lo primero que se ofreció a los podemitas, antes de los segundos niveles de la Administración, antes de los independientes de prestigio con simpatías moradas, antes de ministros sí, pero no Iglesias, antes de la vicepresidencia y tres ministerios, pero no Trabajo... todo lo que Podemos, imprudentemente, rechazó. Ahora Pedro devuelve el debate a la casilla de salida con el auxilio de los colectivos sociales más afines y los inevitables abajofirmantes que se presten a la maniobra.

Maniobra que no triunfará. ¿Cómo va a aceptar Podemos quedarse fuera si su único objetivo era estar dentro? ¿Qué pasará cuando, en esta ronda, los sindicatos le repitan a Sánchez que ellos quieren un Gobierno de coalición? Nada: dirá que él lo intentó hasta el final y que no le han dejado otra salida que repetir las elecciones.

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