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Perder y ganar

Lo mejor para Susana Díaz, tal y como están las cosas, es perder (para ganar más tarde). Si no, será al revés

Para hablar del magistral dominio de los tiempos de Susana Díaz habrá que esperar a que pase el tiempo. Si gana sus primarias, loaremos embelesados cómo supo mantener el impasse, creando expectativas y exasperando al rival. Si pierde, concluiremos: "Claro, permitió que se le pasara el arroz con tanto sí-pero-no-no-pero-sí y quemó al más pintado". Y ni siquiera así será tan sencillo.

Porque ganar las primarias podría ser perderlo todo, y perderlas, asegurar lo que se tiene y más. De hecho, si yo fuese asesor político de Susana, apostaría por quedar segunda en primera instancia. Quién sabe si estos retrasos en presentar la candidatura no se deben sólo a una inseguridad interna muy intensa, que ya hablaría bien de su instinto, sino a una ingeniosa intención de incentivar su derrota.

Que ganar las primarias le complicaría la vida (política) a Susana Díaz ya lo hemos dicho aquí. Tendría muy difícil ganar en España con 1) la mochila de gestión en Andalucía, que los rivales desmenuzarían; 2) su escasa paciencia para debatir con otros líderes; 3) los cadáveres que ha dejado en el armario dentro del PSOE y el resentimiento personalizado de los simpatizantes de Pedro Sánchez y 4) la división de la izquierda y la incompatibilidad de Díaz con Podemos. Su derrota la abocaría a la dimisión que exigió a Sánchez cuando fracasó y, por un efecto dominó, al desmantelamiento de su poder en Andalucía.

En cambio, perder las primarias la haría fuerte aquí abajo. Se envolvería en la bandera blanca y verde. Vendería su fracaso como una muestra de desdén a los andaluces y a las andaluzas, ea, excitando un complejo colectivo que funciona, por desgracia, demasiado bien. Se amurallaría en la socialdemocracia sensata frente a los experimentos de Pedro Sánchez y contaría con el apoyo tácito o vergonzante del PP y de Ciudadanos, respectivamente, para frenar a la izquierda radical. Desde Andalucía, y viendo la que se avecina con Cataluña, podría arbitrar mejor su discurso a favor de España y la igualdad de los españoles, que es lo mejor que tiene. Por la complejidad de la situación actual, el fracaso de cualquier PSOE está asegurado, y ella lo vería desde la barrera, y presumiendo de que lo habría evitado, si hubiese ganado. Sus ambiciones nacionales estarían intactas, pospuestas y afianzándose.

No juego a profeta: analizo. Susana querrá ganar y, como lo haga, perderá. O viceversa. Lo veremos.

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