Tierra de nadie

Alberto Núñez Seoane

Perdón por el inciso: ¡Es que nos están matando!

SÍ , disculpen el inciso. Llevo semanas escribiendo sobre sensaciones y pensamientos, recelos, angustias y esperanzas…. Dejando al margen a una política que me sangra y a unos políticos que arrasan con toda posibilidad de esperanza accesible.

Fueron dos noticias. Procuro estar al día, aunque alejándome, lo más posible, de la agresión diaria que sufriría desde medios de comunicación pesebreros, periodistas palmeros, información manipulada -cuando no directamente falsa-, noticias maquilladas y todo un triste rosario de mezquindades disfrazadas de información. Dos noticias, fueron las que me empujaron -no lo pude evitar- a regresar, circunstancialmente, al ruedo que desprecio y maldigo.

Una, me decía que el gobierno de España está gastando un 1,4% del Producto Interior Bruto -el famoso ‘PIB’- en luchar contra la desgracia del Covid-19; mientras la media de lo que invierten los otros países de la Unión Europea en tratar de dar solución a esta tragedia -que nos lleva- es del 4% de sus ‘PIB’ respectivos. Los números no mienten, se pueden falsear, colocando dónde no corresponde los que debieran estar en otro sitio, pero cuando son reflejo fiel del estudio al que nos estemos dedicando, no mienten. Estos datos, a los que he hecho mención, son de la UE, lejos del PSOE y de Podemos, del PP, de IU, de golpistas, terroristas y nacionalistas excluyentes y, también, de las madres que los parieron a todos ellos. Estos números no mienten, pero lo que si nos dicen, por si no lo supiésemos, es quién miente.

La otra noticia no fue que, en la mañana del pasado sábado seis de febrero, llegasen a España las primeras vacunas de los laboratorios ‘Oxford-AstraZeneca’, sino que estas no se repartirían a las Comunidades Autónomas hasta el lunes ocho…

La primera información, me habla de lo que está mucho más allá de un despropósito, me dice sobre personas y principios, me cuenta sobre mentiras y verdades y decepciones que no acaban.

Faltan hospitales y médicos, faltan enfermeros y sanitarios, faltan equipos y jeringuillas y ambulancias también, faltan recursos en investigación, nos faltan los científicos e investigadores y los médicos y los enfermeros que se han ido, que se han tenido que ir porque aquí, en la España del 1,4%, se les tenía olvidados, marginados y miserablemente pagados, cuando no directamente en el paro. Aún así, el gobierno, con ayudas europeas por 140 mil millones de euros, dedica a todo esto, un 3,5% menos de lo que gastan sus socios europeos. Permitan la vulgaridad: “pa mear y no echar gota…”.

El segundo de los datos es, por simple, esperpéntico, demoledor y letal -por desgracia, nunca mejor dicho-. Resulta que, tras un parón en el suministro comprometido de vacunas, llegan casi 200.000 dosis a nuestro país. En lugar de tener el dispositivo dispuesto para comenzar ‘ipso facto’ la distribución, el valioso material que, no olvidemos: salva vidas, se almacena hasta dos días después, el lunes, fecha en la que está previsto su reparto.

El número de fallecidos al día, que teníamos el sábado seis de febrero era de 524. Dos días de retraso en la aplicación de vacunas implica dos días de retraso en el total del proceso, dos días de retraso en controlar la pandemia, dos días de retraso en terminar con la pesadilla, pero, sobre todo, dos días de retraso pueden significar 1.048 muertos más. Cuenten conmigo: 1, 2, 3, 4… 7… 12… 35… 189… 235… 577… 861… 908… 1004… 1019… 1025… 1036… 1046, 1047, y 1048 ¿se hace largo, verdad?, pues sólo he puesto 19 cifras, faltan otras 1029, y… la tragedia es que no se trata de cifras, si no de vidas que se van: padres, hijos, maridos, abuelos, esposas, amigos… personas que ya no serán. Esto es lo esperpéntico -por consentir que así sea-, demoledor -por la falta absoluta de ética, compromiso y humanidad- y letal -porque mata… ¡seres humanos! -.No sé cuánto tiempo pasará… quiero creer que algún día, espero, no demasiado lejano, los responsables, ¡todos y cada uno!, de esta tremenda, pavorosa e incomprensible atrocidad, paguen por lo que están haciendo y, sobre todo, por lo que no están haciendo: salvar todas, absolutamente todas, las vidas, que -repito- lo son de seres humanos, que les sea posible.

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