Me ha impresionado mucho la carta de dimisión de ABC de Ramón Pérez-Maura. No es la primera vez que él me impresiona. La primera fue cuando el generoso jerezano Quino Molina Fernández de los Ríos, que en su imponente despacho de la planta noble del edificio principal de la Universidad de Navarra tutelaba a la oxoniense a los alumnos que le daba la gana, me habló de él. Dijo: "Ramón Pérez-Maura tiene un gran defecto y una gran virtud. [Aquí siguió un silencio teatral.] El defecto es que no se sienta a comer si no es con mantel de hilo. La virtud es… [aquí, un silencio aún mayor] que el mantel lo lava, lo plancha y lo pone él cuando hace falta". Yo no sé si aquello era literal o metafórico ni si tenía la intención -como sospeché- de incitarme a la emulación, para que yo, ay mi torpe aliño también gastronómico, cuidase más la mantelería y la cubertería de mi cubil. Pero el personaje me quedó claro y pasé a admirar a ese estudiante un poco mayor que yo que era capaz de impresionar al impertérrito Quino, no sé si más con su virtud o con su defecto.

Luego compartió piso de estudiante con varios íntimos míos y me siguió impresionando por delegación. La cercanía del ayuda de cámara no impedía que mis amigos estuviesen deslumbrados. Una vez me enseñaron orgullosos por ósmosis los meticulosos archivos de noticias que se hacía Pérez-Maura para ir estudiando la actualidad, y me sumé al coro de los ohs.

Que ya han ido rodados, encadenados y directos. Le he leído cuanto he podido, compartiendo casi siempre lo que decía y, si no, sin que eso me impidiese disfrutar lo bien que lo decía.

En cambio, como no sigo las vicisitudes internas del ABC, no puedo medir las circunstancias de su dimisión ni qué hay en el fondo ni en las entrelíneas. Leyendo su carta sí queda claro que tiene la certeza de que el periódico de sus amores y su vocación está perdiendo su carácter y su naturaleza, y que él, por eso. se va. ¿No os admira la fidelidad a un espíritu, en un tiempo en que parece que todo es materialismo? Cualquier dimisión, cuando aquí no dimite ni el Tato por causas mucho más contantes y sangrantes, tiene aura. Como el joven estudiante que fue, ha vuelto a ponerse el mantel de hilo de la dignidad profesional y personal, lavándolo y planchándolo él, deducimos que con gran esfuerzo. Como sabía Quino Molina (que sabía latín) es un caso tan singular que bien merece ser puesto de ejemplo.

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