La ciudad y los días

carlos / colón

Periodismo político y telebasura

EN este país vertedero, en el que la política se roza cada vez más con la delincuencia y que entren y salgan políticos de los juzgados (o de la cárcel) se está convirtiendo en algo tan común como que lo hagan los chorizos profesionales, el periodismo político se parece cada vez más a la telebasura; alimentados ambos por sorprendentes resoluciones judiciales. Es el caso de los mensajes de Urdangarín. Por el personaje siento la misma simpatía que cualquier español: ninguna. Pero que se haya autorizado judicialmente que sus correos privados e íntimos se hagan públicos me parece algo escandaloso y vergonzoso; aunque también, por desgracia, lógico en este país que huele a podrido más que la Dinamarca de Hamlet.

La vida privada ha muerto en Rusia, decían en Doctor Zhivago. Pues parece que en España también. ¿Aportan algo a la causa judicial estos correos? ¿Contienen alguna información relevante que pueda interesar a los españoles porque les afecte a ellos o a las instituciones que les representan y les gobiernan? No. Les interesa, claro que les interesa, a muchos. Pero como puedan interesarles las crisis de ansiedad de Lucía Extebarría, el desenvolvimiento del padre de Desi en un concurso de telerrealidad, el affaire Mohedano o si Mar Flores podrá navegar o no este verano. Es decir les interesa como cotilleo, sensacionalismo, curiosidad grosera… Lo que alimenta los contenidos de la telebasura.

Pero dado que el personaje no pertenece al ámbito propio de la telebasura sino que, presuntamente, se ha servido de su matrimonio con una hija del Rey para meterse en negocios sucios, el periodismo basura se ha fundido con el político; y la cuestión se ha tratado en tertulias políticas, además de en los habituales escenarios de la telebasura, como si con quien se acueste este señor sea una cuestión de interés público y nacional comparable a los delitos que presuntamente haya cometido, al caso Bárcenas o al de los ERE.

Lo asombroso es que esto pueda hacerse porque una juez, a la vez que prohíbe al ex socio que revele el contenido de los mensajes que hagan referencia a la vida íntima de Urdangarín para "preservar el derecho a la intimidad", levante la prohibición de difundir otros correos íntimos. Esto nada tiene que ver con la libertad de información, sino con la libertad de cotilleo basado en cuestiones privadas sin relación legal con el caso ni trascendencia política.

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