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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Política desentendida

El debate de los presupuestos, los tipos del 'procés' y sus defensores: politiquería y bajezas

La política en una democracia no es solo la actividad de los políticos, también la de los ciudadanos cuando intervienen en los asuntos públicos a título individual o a través de cualquier tipo de organización, no solo de los partidos y sus organizaciones. En los asuntos públicos se puede intervenir desde una comunidad de vecinos, una organización religiosa, la creación artística, el pensamiento o cualquier actividad que mejore las condiciones de vida, amplíe los espacios de reflexión, enriquezca sensible e intelectualmente las vidas de los ciudadanos haciéndolos más reflexivos, críticos e independientes. La política, en este sentido, es algo mucho más amplio, abarcador, participativo y plural que los partidos, los políticos profesionales y sus actividades tantas veces desentendidas de los intereses generales.

Ayer en TVE la pantalla partida -en una ventana el debate de los presupuestos en otra el juicio del procés- representaba bien esta idea escuálida de la política. Lo que el diccionario de la RAE llama politiquería: "Tratar de política con superficialidad o ligereza. Hacer política de intriga y bajezas". Lo propio del politicastro: "Político inhábil, rastrero, mal intencionado, que actúa con fines y medios turbios".

Contra lo que se suele pensar son las dictaduras las que politizan todos los aspectos públicos e íntimos de la vida obligando a afiliarse. Mientras que las democracias permiten intervenir en los asuntos públicos al margen de los partidos e incluso darles la espalda sin por ello desentenderse de la cosa pública. Haciendo bien su trabajo, por ejemplo, sea este el que sea, o siendo honesto y solidario.

En 1938, desatada la locura política que devoraría a tantos millones de personas y a ella misma -denunció los crímenes del estalinismo y murió en el campo nazi de Ravensbrück- Milena Jesenká, el amor epistolar de Kafka, escribió: "En épocas más tranquilas gente totalmente distinta podía vivir junta, sin preocuparse lo más mínimo de la política. La política no les hacía hervir… Hoy día ha penetrado en los hogares de las gentes sencillas, ha aterrizado en los comedores en torno a manteles de ganchillo y ruge a través de aparatos de radio de los que antes solo salían cancioncillas populares". Lean estas palabras con atención. De la política se puede decir lo mismo que el Nazareno dijo del sábado: está hecha para el ciudadano, no el ciudadano para ella.

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