Desde la Castellana

Alejandro Daroca

Posdata a los 85 años de Gallo Azul

 Interesante, documentada, completa y muy bien escrita la historia que hace unos días publicó Diario de Jerez, de la mano de Juan Pedro Simó, sobre  el Gallo Azul. Al cumplir 85 años tan emblemático edificio, referencia de todos los jerezanos y centro neurálgico de la ciudad, el periodista cumplió la ejemplar misión de contarnos su historia y algo de su actualidad. Arquitectos, el reloj que le da símbolo, sus sucesivas propiedades y el futuro inmediato que le espera a tan especial edificio.

Sin querer enmendar la plana a tan buen artículo del magnífico colega Simó, me gustaría señalar alguna anécdota, cuasi de circunstancias personales, a modo de posdata del escrito señalado. Se refieren a la personalidad de su actual propietario, Carmelo López, a cierto trueque que sucedió por el registro del nombre y a la circunstancia de que en Madrid, no muy lejos de La Castellana, también existe desde hace un par de meses otro Gallo Azul.

Hace ahora veintiocho años, mis huesos fueron a dar  hasta Palma de Mallorca, en donde tuve la fortuna de estar dos años de director de ‘El Día de Baleares’, periódico de propiedad privada y que años más tarde fuera comprado por ‘El Mundo’. Hoy sigue existiendo como ‘El Día del Mundo de Baleares’. Por alguna indiscreción se filtró que el nuevo director era de Jerez. Y un día de los dos años que permanecí en el cargo recibí al joven Carmelo López, a la sazón delegado de ventas de González Byass en las Islas Baleares. Y tuvo el gran detalle, porque sólo nos conocíamos de referencias y algún amigo común, de acercarme hasta la redacción una media caja de Tío Pepe. Aquello me supo a gloria y no olvido ni olvidaré la prudencia, la seriedad y dadivosidad con que Carmelo me hizo aquel regalo. Alguna vez nos hemos vuelto a saludar en mis escarceos jerezanos, pero es el momento, recordando aquel detalle, de desearle el mejor de los éxitos profesionales y económicos al frente de tan importante cometido, como es llevar Gallo Azul adelante.

En un momento de la historia del Gallo Azul, cuando estaba en propiedad de la Casa Domecq, hace ya más de quince años, a alguno de sus directivos se le ocurrió ir a registrar como comercial el nombre de Gallo Azul. La zona, la rotonda, la columna del reloj eran ya conocidas con el nombre mencionado. Pero no a efectos comerciales. Y cual fue su sorpresa cuando vieron que ‘Gallo Azul’  estaba ya inscrito por Alfonso, el que fue y sigue siendo el mejor catering de Jerez. La gentileza de Alfonso y las buenas maneras de la educación jerezana, hicieron fácil deshacer el entuerto de la propiedad. Alfonso no pidió nada a cambio de ceder el nombre y la Casa Domecq le abrió los brazos y le ofreció lo que quisiera. La solución de Alfonso gustó por original y excepcional: “me tomo dos copitas de Río Viejo todos los días, ocúpese usted de ello”. Nunca le faltó a Alfonso Rodríguez tan preciado vino, hasta que, claro está, Domecq dejó su vinculación con Gallo Azul.

Pues en la madrileña calle Jerónima Llorente, en su número 64, en pleno barrio de Tetuán, a escasos metros de Reina Victoria o de Francos Rodríguez, hay desde hace tres meses un encantador y limpio local que se llama ‘Gallo Azul Bar Restaurante’. La historia es sencilla porque Antonio Sanz y María Aguilera son los dueños de tan jerezano local. Antonio, un extraordinario cocinero segoviano y María, jerezana, de San Telmo, del Cristo de la Expiración. Conocidos desde hace años por algunos jerezanos, hoy ofrecen buenos y frescos vinos con algún guiso de patatas con chocos o patatas con alcauciles. Merece la pena la visita. 

darocabruno@gmail.com

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