Ya nos habíamos hecho una idea. La prensa española manipula. Si no, díganme en qué periódico de esta parte del mapa se cuenta que la población civil catalana ha sido masacrada por un ejército invasor. ¿En qué emisora madrileña se ha hablado de torturas a presos políticos en la zona del Ampurdán? Y díganme, ¿algún telediario ha emitido imágenes de bombardeos en Montjuic? Vale, que a lo mejor nada de eso ha ocurrido, ¿pero cómo podemos estar seguros de que lo habrían contado si llegan a pasar semejantes cosas?

Habrá quien objete que hablar de la prensa española, así a lo bestia, es poco riguroso y que la cantidad de medios que se venden en los quioscos, más los medios digitales, permite que haya diarios monárquicos y republicanos, católicos y sacrílegos, y permite incluso que se vendan revistas taurinas junto a revistas cuyos lectores convertirían todas las plazas de toros en pistas de patinaje.

Pero la pluralidad de los periódicos españoles no impide la manipulación, solo la multiplica. Si ningún medio se hizo eco de lo rica que le salió a mi madre el jueves la merluza en salsa verde -pues casi todos los diarios sacaron en sus primeras planas fotos del desfile militar-, ¿no será porque alguien se encarga de escoger las noticias siguiendo una línea editorial descarada?

Y ahí no queda la cosa. La prensa española manipula hasta en los chistes, que bajo su máscara graciosa no pueden ocultar la falta de objetividad. Sobre los artículos de opinión poco hay que añadir: cuentan lo que le da la gana al columnista. Y hasta a los cronistas deportivos, que podrían limitarse a dar los resultados, se les ve el plumero, pues son incapaces de disimular que prefieren que gane su equipo, a ser posible por goleada.

Por lo visto, ese problema no lo tienen en Cataluña, porque allí, según parece, las noticias las cuentan unas almas puras que usan guantes para no intoxicar la información. Empezando por los canales públicos, los medios nacionalistas no se deben a otro interés que no sea contar la verdad. Por ello se ofrece una imagen beatífica de sus gobernantes y se explica a la audiencia que todos los problemas catalanes tienen una causa llamada España. Se da a entender que sufren atroces sangrías fiscales y agresiones policiales insólitas, a diferencia del resto de España (donde apenas pagamos impuestos, nos pasamos la vida tomando el sol y cuando a los antidisturbios les toca disolver manifestaciones, en vez de palos, reparten caramelos.)

¿Alguien duda de que en el resto de España nos tragamos todo lo que nos cuentan? ¿Alguien duda de que solo queda un reducto en la Península donde hay gente muy crítica con la información que recibe, y que ese reducto se llama Cataluña? Bueno, sí que hay quien lo duda: Juan Marsé, Isabel Coixet, Boadella, Serrat, Vargas Llosa, Savater, el editorialista de Charlie Hebdo… Aunque, claro, no son más que unos pocos ejemplos de tantos como hay de lo fácil que es manipular.

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