LAS elecciones primarias convocadas por el comité director del PSOE andaluz para designar al sustituto de José Antonio Griñán como candidato a la Junta en los próximos comicios autonómicos suponen un avance democrático, al permitir el voto individual de los militantes socialistas en vez del nombramiento a dedo o por los órganos de dirección que se ha venido practicando desde siempre. No obstante, las circunstancias en las que han sido convocadas no invitan al optimismo sobre el auténtico grado de libertad y participación con que se celebrarán. Aunque se han cumplido las formalidades estatutarias, no deja de tener razón el sector crítico con Griñán, nucleado por los antiguos partidarios de Manuel Chaves, al argumentar que las primarias se están organizando de manera precipitada, como si fueran un mero trámite para revalidar a la candidata propuesta por el propio Griñán, su consejera de Presidencia, Susana Díaz. Habría sido más adecuado aplazarlas durante unos meses a fin de potenciar el debate y abrir las posibilidades de formación de distintas alternativas, sin que eso hubiese perjudicado el objetivo fundamental de solventar el relevo de Griñán, ya decidido a no volver a ser candidato y, presumiblemente, a adelantar las elecciones andaluzas acortando el mandato de cuatro años que le dieron los andaluces el 25-M. Por otra parte, también habría sido coherente aguardar a la conferencia política del PSOE en la que se planteará que los procesos de primarias internas se hagan concediendo a los simpatizantes socialistas la posibilidad de participar y emitir su voto, al modo en que se hizo, por ejemplo, la elección del francés Hollande, hoy presidente de la República. La operación, no obstante, se ha articulado respondiendo al deseo del presidente Griñán de cerrar el proceso de su renuncia y sustitución. Tres militantes han dado hasta ahora el paso de convertirse en aspirantes a candidato en estas elecciones primarias: la mencionada Susana Díaz, el también consejero de la Junta Luis Planas y el alcalde de Jun (Granada), José Antonio Rodríguez. El mínimo de avales de militantes requeridos para oficializar las candidaturas, alrededor de 7.000, supone un hándicap para los dos últimos precandidatos, poco vinculados al aparato socialista. Es necesario, a este respecto, que los secretarios provinciales y las ejecutivas faciliten la recogida de avales y la celebración de actos de todas las candidaturas, sin inducir a los afiliados en una dirección determinada. Sería lo mínimo exigible para legitimar un proceso que ya llega lastrado por las prisas por el hecho incontrovertible de que la actual ejecutiva regional ya tiene su propio candidato (candidata).

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