DIARIO DE JEREZ En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

La noche última del año es todavía más absurda que la de la Nochebuena. Por narices hay que comer de manera exagerada; no te puedes acostar pronto porque, también por narices, hay que esperar a las uvas. Si tienes niños adolescentes debes pelearte con ellos por la hora de llegada, por la ropita que ha de ponerse la niña - a veces lo de menos que hay es ropa -, por lo que van a beber, por con quién van a salir, por… todo lo que ustedes ya saben. Y mientras, tú mirando la hora para saber cuánto falta para las campanadas. Y, ahí quería yo llegar. No me acuerdo la cadena que era - otra de las características de esa noche es la cantidad de veces que le das al mando buscando algo que no sea Puerta del Sol, los presentadores diciendo tonterías y los trajecitos de los presentadores que dicen tonterías -; pero en una de esas cadenas, la presentadora de turno nos dio un mitin reivindicativo del feminismo reinante, hizo mención a que las mujeres tenían derecho a salir solas, a hacer deporte solas, a…, vaya que estaba inventando el hilo negro y diciendo cosas nuevas en Nochevieja; además se había preparado bien el discurso y hasta le ponía énfasis y pasión. La buena señorita - lo de buena es por lo que decía, que ahora puedes meter la pata por lo que creen que dices y buscarte un lío - tras el apasionado mensaje sobre las mujeres y su reivindicación, totalmente justa, vive Dios, se quita el abrigo que la cubría y se queda en un minúsculo bikini de flores. ¡Ole los mítines creíbles en contra de las mujeres objeto! Después de eso vinieron las uvas, los deseos entusiastas, los besos… y la continuación del tira y afloja con tu hija sobre la ropita que estaba preparando para irse a la calle. Tú, mientras, te acordabas de la señorita del mitin y de los saltos de esquí del día siguiente.

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