Cambio de sentido

Quererte como te quiero

Gran carroza la de Ciudadanos en el Orgullo. No lo esperada de un partido que cede 'sotto voce' ante Vox

Ay, qué trabajo me cuesta quererte como te quiero", escribía Federico. Con el paso (y los trotes, y los galopes) de la vida, voy coligiendo que las revoluciones profundas de verdad atañen a una forma más compleja, sutil, abierta y vital de entender y relacionarnos con los prójimos próximos -y los lejanos, mientras no los convirtamos en un constructo fácil de amar sin riesgos desde nuestra atalaya- y con una misma. Sucede entonces que el mundo, como a Felipe II, no nos es suficiente, se nos queda chica la Realidad; los prescriptores de la misma jamás podrán acoger de buena gana formas de pensar, sentir o yacer desestabilizadoras del status quo. Como mucho, el poder tratará de absorber esas formas disidentes, comprarlas para redecorar su tinglado, poco más.

"Ay, qué trabajo me cuesta quererte como te quiero", habrán dicho a menudo tantas gentes cuya forma de quererse no cabía en su angosto mundo, y tenían que andarse de tapadillo. Y es por eso, porque no se pueden pasar estrecheces por ser o amar a contramano, por lo que andan luchando muchas gentes. No pocas de ellas las han pasado canutas en su casa y en su pueblo, y aún hoy siguen colando como la tita que nació soltera, el primo que se fue o el mariquita que toleramos porque algo tiene de asexuado e inofensivo y además ¡nos hace tanta gracia! Las cosas se mueven, constato en mi barrio y entre mis amigas. Pero clama al cielo que a estas alturas de los tiempos aún haya -y van en aumento- mastuerzos de burger que intimiden a un chaval al que no le da la gana vestirse por los pies, y enervados que consideran que el mero hecho de que otros sean y sientan de otra manera atenta gravemente contra ellos. No conozco a lesbianas que me afeen que yo no lo sea. En cambio, sí escucho a esos adalides de la sexualidad única y el género unívoco que reaccionan encabritada y delirantemente ("¡lobby heteróbofo!") contra quien no vive como está mandado. Qué antigüedad.

El sábado me di un garbeo por el Orgullo de Sevilla: familias con sus chaveas, jóvenes polimorfos, mayores tomados del brazo con majestad. Aluciné al ver el pedazo de carroza de Ciudadanos. No me lo esperaba de un partido que a menudo cede 'sotto voce' ante Vox. Rivera llama fascistas a quienes gritaron "¡Ciudadanos, fuera del Orgullo!". Al líder del Cs sí que lo veo, poniéndole una vela (negra) al dios de los ultramontanos y otra al diablo LGTBIQ, mascullando por lo bajo: "¡Ay, qué trabajo me cuesta, quereros como yo os quiero!"

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