Me gusta el rap. Surgió en el gueto más deprimido de Nueva York -en el Bronx- y lo inventaron unos tipos semianalfabetos -pero muy inteligentes- que apenas habían leído un libro en su vida. Pero aun así, esos disc-jockeys y cantantes aficionados supieron inventarse una nueva poesía que resucitaba las técnicas medievales de los juglares y que le devolvía a la palabra (¡y a la rima consonante!) la primacía que había perdido en la era de la imagen y luego en la de Internet. Es cierto que muchas letras de rap son una simple vomitona léxica cargada de violencia. Sí, sin duda. Pero hay raperos muy buenos que escriben canciones llenas de poesía y de humor y de rabia y de melancolía. Si algún día hubiera alguien inteligente tomando decisiones en los departamentos educativos, el rap se introduciría en los planes de estudios.

Estoy hablando del rap entendido como una herramienta formidable para el uso creativo del lenguaje, ojo. No hablo de los raperos que hacen con el rap un cóctel molotov cargado de rabia y de incitaciones a la violencia y al asesinato. Valtonyc, el rapero mallorquín, es uno de estos raperos. "Queremos la muerte para todos estos cerdos", "Llegaremos a la nuez de tu cuello, cabrón, encontrándonos en el palacio del Borbón, Kalashnikov". Estas son las cosas que canta Valtonyc. El talento, desde luego, no le sobra. Ahora bien, ¿se merece una condena a tres años y medio de cárcel por injurias al Rey y por exaltación del terrorismo?

A mí me parece que no. El problema es que vivimos en un país en el que a algunos les parece maravilloso que se anime a matar al rey, y en cambio les parece intolerable -y digno de un castigo ejemplar- que un tuitero anime a matar mujeres "porque hay demasiadas putas sueltas", o que en un foro de policías municipales se amenace de forma vergonzosa a Manuela Carmena o se insulte a Pablo Iglesias. Entonces, ¿por qué es un crimen contra la libertad de expresión la condena al rapero Valtonyc, y en cambio se reclaman castigos ejemplares contra los que insultan a las mujeres o a los políticos de izquierda? ¿En qué quedamos? ¿Aceptamos la libertad de expresión, sea lo que sea lo expresado? ¿O le ponemos límites? Por cierto, el tuitero que animaba a matar mujeres ha sido condenado a dos años y medio de cárcel. ¿Es una condena justa? ¿Y la de Valtonyc, que incitaba a matar al rey? Dejo ahí la pregunta.

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