Su propio afán

Regular, Bendodo

Hubiese estado todavía mejor si hubiese hecho una breve defensa de la trascendencia de Colón

Preguntado sobre su opinión acerca del acoso y derribo a las estatuas de Colón, el Consejero de Presidencia ha contestado: «Me parece una auténtica gilipollez». La respuesta ha desatado una ola de entusiasmo en las redes sociales, y no me extraña, porque estamos hasta el gorro de tantísimas polémicas que se salen por la tangente de la crisis sanitario-económica.

No me extraña el entusiasmo, pero ni aplaudo ni lo considero un gesto especialmente inteligente de un político que tengo por astuto y que tiene que ser una pieza clave en el relanzamiento de Andalucía. Porque ha rematado: "Eso a la gente no le interesa ahora ni le preocupa. Por favor, vamos a estar en las cosas serias»" Resulta que esa gilipollez (Bendodo dixit) tiene mucha carga de profundidad y eso también hay que verlo venir. Supone una enmienda a la totalidad a la historia de Andalucía, porque lo es a la de España y, desde luego, a la de todo Occidente. Estamos ante una cosa muy seria.

Ojalá pudiésemos centrarnos en gestionar las crisis que nos devastan, pero Bendodo, en su condición de político listo, está también para plantar cara a las hábiles maniobras de deslegitimación moral que plantean continuamente la izquierda y los separatistas. Hubiese estado mucho mejor el Consejero si hubiese hecho una breve defensa -con idéntica contundencia- de la trascendencia de Colón y del Descubrimiento de América. (Así lo había dejado yo, en el limbo de las propuestas y deseos, hasta que me he topado, diez minutos antes de mandar este artículo, con la respuesta de Álvarez de Toledo, que vale de ejemplo: "Se trata de un revisionismo gagá, completamente infantil, pueril y ridículo. Su ignorancia es oceánica y nunca mejor dicho". Encuentren las sutiles diferencias.)

No puedo juzgar las intenciones de Bendodo, y no sé si son pocas ganas de entrar en la refriega o falta de visión de la jugada o un sincero convencimiento de que lo único que importa, como repetía Rajoy, es la economía y la salud. Sea como sea, dejar que la izquierda marque por sistema el campo de juego del debate político-cultural y conformarse con despejar balones (o gilipolleces) no está resultando una buena estrategia, por muy a gusto que se nos quede el cuerpo cuando soltamos la patada y por más que nuestra afición nos aplauda el gesto vigoroso. O sea, que Bendodo, de potencia, muy bien; pero tiene que afinar más la puntería. Hay que tirar a puerta.

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