RELOJ DE SOL

Joaquín Pérez Azaústre

Rescatar Valdevaqueros

ENTRAR en precisiones sobre Valdevaqueros para justificar la construcción de las 1.400 plazas hoteleras y las 350 viviendas, entre el Parque Natural del Estrecho y el Parque Natural de Los Alcornocales, sólo contribuye a la devastación. Devastación en la que hemos convertido la práctica totalidad del litoral español, con los partidos alternándose, con idéntica impunidad, sobre la extensión de nuestras costas, mientras la destrucción del litoral se ha producido de la misma forma vasta, corrompida y cateta, que nos ha dejado el paisaje natural sin playas. España es un gran país, dice mucho el presidente del Gobierno y un poco, también, el líder de la oposición. España es un gran país en el que la naturaleza que sobrevive aún ha de convertirse en Parque Natural o no habrá forma de mantenerla virgen, porque siempre hemos preferido arrasarla. España es un gran país en el que se levantan monstruosidades como la que se pretende edificar ahora en este paraíso marítimo, nada menos que entre dos parques naturales, como si la mera protección legal no fuera suficiente y se pudiera utilizar -de hecho, se puede- cualquier grieta jurídica para cambiar la costa por el cemento armado.

¿Quién nos rescatará de este expolio continuo de nuestro paisaje natural? Ahora que ya estamos en el rescate europeo de la banca española, habría que preguntarse cuánto debe este rescate a actitudes como esta de Valdevaqueros, la sobreexplotación de nuestros recursos naturales para multiplicar, torticeramente, el precio de la vivienda.

Miguel Arias Cañete, ministro de Medio Ambiente, prefiere no saber: dice que el plan de la urbanización "está muy lejos de la costa" -tampoco tanto: justo al otro lado de la carretera-, así que se lava las manos: en el literal sentido bíblico. Pero apunta: "Espero que sea de baja densidad y de cierta estética, pero es sólo mi opinión y espero que sea así". Pues si esperas que sea de baja densidad, no lo permitas, o intervén para que esa densidad sea prácticamente inexistente. No queda muy lejana otra barbaridad: el hotel Algarrobico, aquella locura faraónica en pleno litoral almeriense.

Dice Arias Cañete que la nueva Ley de Costas que resultará de la reforma que será estudiará, en julio, en el Consejo de Ministros, no busca beneficiar los proyectos polémicos, que prolongará las concesiones a las edificaciones en la playa, ilegales o no.

No olvidemos que España es un gran país: un país en el que se puede construir en un terreno no urbanizable, de naturaleza protegida, declararse ilegal dicha edificación mediante sentencia judicial y llegar después un ministro, preocupado por los propietarios que han edificado sobre un crimen, y declararlo todo perfectamente legal.

Estos comportamientos nos han llevado al rescate. El escándalo de Valdevaqueros, desgraciadamente, no es el fin ni el principio de nada. Más que salvar la banca, tendríamos que salvar Valdevaqueros.

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