Hay una vieja metáfora que se ha escrito literalmente con sangre: la importancia de no dejarse arrebatar una bandera. Hablábamos del pensamiento conservador contemporáneo, y un amigo me advirtió de que el peor error de esta corriente de pensamiento ha sido dejase arrebatar la bandera de la conservación de la naturaleza. Le pertenecía por etimología, por actitud, por la práctica (¿quién más apegado a las formas de vida rurales?), por los primeros conservaduristas, por todo. El cambio climático, en cambio, se ha convertido en una causa de izquierdas.

Me estremeció la metáfora, a pesar de que me he reído a mandíbula batiente de los alarmistas climáticos. Porque desconfío de todo aquel que demoniza las opiniones que se atrevan a discrepar. Y, sobre todo, porque el ecologismo actual es profundamente pesimista y odia a lo humano. Tiene una pulsión invencible por reducir la natalidad. Considera al ser humano un cáncer [se ha dicho] del planeta.

Los ecologistas radicales son unos emboscados del nihilismo postmoderno. El conservadurismo en su vertiente conservacionista es otra cosa. Nace, como le es propio, del amor, se regocija en la realidad como con un regalo y considera que el ser humano es el rey o un señor, al menos, de la Creación.

Nótese, por ejemplo, la escasa alegría demostrada por los ecologistas por el descubrimiento en La Mosquitia, una selva de Honduras, de varias decenas de animales que se creían extintos. Prefieren seguir con las fotos de los osos polares, que, por cierto, tienen la población más boyante en mucho tiempo.

En La Mosquitia han dado con una especie de serpiente coral (Rhinobothryum bovalii) que creían desaparecida y con un pez inédito (Poecilia sp). Encontraron también un murciélago muy feo, al escarabajo tigre y una buena tarántula. Aunque también (para que no se inquieten los más urbanitas de nuestros ecologistas) oh, mariposas bellísimas, como la Morpho helenor, cuas alas alcanzan los 20 centímetros más bucólicos. Tampoco he visto exultar a los verdes por el descubrimiento de grandes reservas de agua en planeta Tierra.

Esta es mi queja: demasiada queja. Poca celebración. Es la serpiente (¿de coral?) en su Edén. Lo que no quita (lo cortés y lo valiente) para que los conservadores agarremos de nuevo y más y mejor a la bandera del conservadurismo, también para contrarrestar el efecto invernadero y lo que nos echen. Esta bandera es muy nuestra.

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