Por montera

Rosmery

Rosmery pone a nuestro país, que presume de ser uno de los más solidarios del mundo, en su sitio

Las palabras más dolorosas que ha confesado Rosmery es que fue en España donde aprendió a superar el menosprecio y el racismo. Es una auténtica vergüenza que me disponga a contar la historia de esta mujer luchadora, nacida en un lugar muy desgraciado de Bolivia, y que me encuentre que en un momento de su vida decidiera venir a mi país, donde lo que aprendió es a superar la humillación. Le debimos poner la vida tan difícil que se fue, claro. Dichas circunstancias le enseñaron a valorarse a sí misma. Es lo único bueno de vivir en desgracia. Darte cuenta de que estás sola en el mundo, que nadie te quiere ayudar, que te insultan, te humillan, no te dan trabajo o escuchan… ni una oportunidad. En esa situación es cuando te encierras en tu mundo para convertirlo irremediablemente en algo maravilloso. Vino a España en 2006, junto a su marido y sus tres hijas, en busca de trabajo. Rosmery pone a nuestro país, que presume de ser uno de los más solidarios del mundo, en su sitio.

Rosmery nació en Tiraque, en un municipio de Pocona, Cochabamba, Bolivia. Tenía doce hermanos. Eran tantos en casa que a ella ni se le veía ni quería ser vista. Temía salir a la calle, por lo que se encerraba en algún rincón con la pretensión de borrar su existencia, de estar lejos del machismo y las palizas que arreaba a diestro y siniestro su padre. Aquel hogar era un infierno donde habitaba el miedo. Tampoco quería salir a la calle, porque estaba aterrada. Dice que había lugares de su pueblo que no conocía. Con dieciséis años se casó huyendo de ese espanto. Tuvo tres hijas. Empezó a luchar por sí misma y para sí misma. Estudió bachillerato cuando sólo sabía hablar quechua. Su autoestima habitó en ella y Rosmery la alimentó cada vez más estudiando y trabajando hasta conseguir ser miembro de la Confederación de Mujeres Campesinas de Bartolina Sisa. Aprendió de los libros, de los periódicos, de documentos... también a escribir. Supo de política hasta llegar a subirse al Congreso para defender el liderazgo femenino; dirige 24 sindicatos. El Programa Conjunto de la ONU contactó con ella. Juntos, decidieron solventar uno de los problemas más graves, como es la desnutrición infantil. Hoy, Rosmery, junto con las ayudas del Fondo ODS, se dedica a crear fuentes agrícolas que generan alimentos y una planta de procesamiento. La reducción de la desnutrición infantil es ya un éxito que todos quieren asumir en Bolivia. Esta mujer, a la que despreciamos en España, es hoy quien orienta para que el futuro de los niños esté a salvo.

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