Desde el fénix

José Ramón Del Río

La Ryder Cup

COMO hace dos años, hoy tengo de escribir sobre la Ryder Cup, la competición de golf que bianualmente enfrenta a los doce mejores jugadores europeos contra los doce mejores de Estados Unidos de América. La copa de oro que donara el comerciante Samuel Ryder, en el año 1927, para el enfrentamiento de jugadores ingleses contra americanos la tiene en depósito el equipo que la gana, hasta la siguiente competición. En el mundo superprofesionalizado del golf es la única prueba donde no se gana dinero alguno: sólo el honor, porque ni siquiera los que juegan reciben remuneración por su actuación, cuando hoy, en el mundo del golf, en una sola prueba, se puede ganar 11 millones de dólares, como ocurrió el fin de semana pasado, en el que un jugador americano se embolsó tan importante suma.

Lo que era un enfrentamiento exclusivo entre ingleses y americanos se fue abriendo, primero con los británicos y luego con los jugadores de países europeos, hasta conformar dos equipos: USA y Europa. En esta apertura, España tuvo un papel decisivo, porque nuestro jugador Ballesteros fue el primero que acompañó a los jugadores británicos y consiguió, además, que se celebrara en España, en el campo de Valderrama, de San Roque (Cádiz), la primera Ryder que tenía lugar fuera de las islas británicas y de Estados Unidos. Luego, en el equipo europeo, entrarían, además de los españoles, otros europeos, como suecos, alemanes, franceses, daneses, noruegos e italianos, que consiguen este honor por los resultados obtenidos en las dos temporadas precedentes.

Cuando escribí de este acontecimiento hace dos años, subrayaba que Europa no aparece, como equipo, en ningún tipo de competición, sea deportiva o de otra índole. En Europa tenemos una bandera de color azul, con estrellas doradas que simbolizan los países que integran la Unión Europea, y también un himno, pero es lo cierto que los sentimientos europeístas en todos los países son tan tibios que no se aprecian. Sin embargo, cuando el equipo de Europa juega al golf contra el de Estados Unidos, es la única ocasión, que yo conozca, en que se grita como aliento "Europa, Europa". Y la verdad es que me produjo placer oír lo de "Europa, Europa", dicho en inglés por el público que asistía en el País de Gales al acontecimiento, conformado, en su mayoría, por ingleses, galeses, escoceses e irlandeses, que nunca han querido saber demasiado de Europa, huyendo del sistema métrico decimal, rehusando la moneda única europea o conduciendo por la izquierda. Y en este triunfo del equipo "Europa", una vez más, los españoles hemos aportado bastante. En esta ocasión, con lo conseguido por el andaluz Miguel Ángel Jiménez.

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