La cigüeña verás", rezaba un antiguo refrán castellano. El pasado día tres de este mes se celebró la festividad de San Blas. El hecho de que en una ocasión salvó a un niño que se ahogaba por una espina de pescado que se le había atravesado en la lengua, le convirtió en patrono de las enfermedades de garganta y de los médicos laringólogos. Es un santo con muchos devotos, especialmente entre cantantes y gente de la farándula que confían en él para salvaguardar de enfermedades, faringes y demás. En la iglesia de San Mateo se dedica una capilla en su honor.

El viejo dicho de los pueblos de la meseta ya no tiene ningún sentido porque las cigüeñas vuelven antes y algunas, ni siquiera se van. Las cigüeñas migraban a África por dos motivos: la dureza del clima invernal y la falta de alimento durante dicho período.

Pero he aquí que la intervención humana ha cambiado estas inveteradas costumbres, el cambio climático ha suavizado el clima, fíjense si no en las actuales temperaturas en pleno invierno. Por otra parte los humanos les hemos proporcionado alimento de sobra, por una parte los grandes vertederos de esta moderna sociedad del derroche aporta gran cantidad de provisiones que a nosotros nos sobra y ellas aprovechan y, además, la desafortunada introducción en los años setenta del pasado siglo del cangrejo americano (Procambarus clarkii) auténtica plaga en las Marismas del Guadalquivir, las sustentan sobradamente durante la invernada. Recientes informes señalan que las cigüeñas ibéricas se quedan mayoritariamente en España y solo las juveniles migran al Sahel cruzando el Sahara y sufriendo unas tasas de mortalidad altísimas.

El gran poeta Antonio Machado, el cual escribe mucho sobre las cigüeñas, en su poema "Del pasado efímero" dice, poniendo en boca de "ese hombre del casino provinciano" :"Y augura que vendrán los liberales, cual torna la cigüeña al campanario". Pues ya no, se quedan con nosotros. Encantados con su compañía.

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