HABLANDO EN EL DESIERTO

Francisco Bejarano

San Otón de Bamberg

P ara que nos demos cuenta de la importancia de la liturgia, los fastos y riquezas de la Iglesia está san Otón. Viendo que los paganos de la Pomerania se resistían a adoptar el cristianismo, se dispuso a evangelizarlos. Como no es raro suponer, la gran labor evangelizadora de Otón sólo la podía hacer un miembro de la alta nobleza, acostumbrado a frecuentar palacios de sus parientes, y estar familiarizado desde niño con la fascinación de las ceremonias y las artes suntuarias. Sus primos los reyes y duques soberanos le encargaron una misión complicada: convencer a los paganos de que sin unirse al cristianismo y a la cultura clásica grecorromana no saldrían de hordas violentas y analfabetas condenadas a ser vencidas. Fueron las verdades de la fe y de la política unidas, dirigidas por san Otón, las fautoras del milagro. Inteligencia sana y poder benéfico fueron las grandes virtudes de san Otón.

Era suevo, es decir, bárbaro, y conocía a otros bárbaros que aún en el siglo XII eran paganos en una grandísima parte de Europa cristianizada. Un anacronismo. Sabía de la codicia de los germanos, acostumbrados a la rapiña y aficionados a acumular tesoros. La política no podía faltar porque los pueblos paganos se resistían a aceptar la autoridad de los príncipes cristianos. Otón le recomendó al príncipe de Polonia que le hiciera la guerra a los pomeranos y los venciera y de la evangelización se encargaría él. Mientras duró la guerra, Otón preparó un gran séquito de nobles y eclesiásticos ricamente vestidos y llenó carros de ornamentos litúrgicos de oro, piedras preciosas y finísimos bordados. Otón, a caballo, y vestido como un príncipe, hizo su aparición en el momento oportuno, cuando una reunión de noble celebraba la fiesta de uno de sus dioses falsos. Quedaron deslumbrados por la magnificencia del visitante y el brillo de los atavíos.

En la reunión de notables pomeranos predicó con verbo incendiado sobre cómo podían creer en dioses crueles que no le daban la victoria a sus creyentes ni las riquezas de los soberanos cristianos. Muchos pidieron ser bautizados allí mismo, otros discutieron sobre ciertas leyes que no estaban dispuestos a aceptar y Otón prometió reformarlas. Luego, con toda la pompa de la liturgia, celebró una misa donde no faltó ni un lujo. Los nobles quedaron anonadados por la belleza del ceremonial, la música y los cánticos. Se bautizaron casi todos y poco después el pueblo en masa. Un Dios que tenía civilizados rituales no podía compararse con los toscos dioses germanos. San Otón, obispo de Bamberg, construyó catedrales y monasterios que son aún la admiración del mundo. Fue proclamado santo como benefactor de la Iglesia y como civilizador de los pomeranos, y por habernos enseñados que la fe también entra por los sentidos cuando se presenta con belleza y verdad.

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