Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

Sánchez por Tarantino

Los dos misterios de la vida política española vigente son complementarios. El primero, por qué motivo Rajoy no dimitió durante la moción de censura, con lo que hubiera matado dos pájaros de un tiro: colocado a Soraya, aunque fuese temporalmente, y evitado su defenestración por "los nuestros", sus nuestros, y evitado el acceso al poder de Pedro Sánchez. Gobierno interino y elecciones. El otro enigma deriva de éste: por qué no ha convocado elecciones Pedro Sánchez, como prometió al conseguir la Presidencia del Gobierno. En realidad, este misterio no es tal, dirá usted; está claro que lo que quería no era convocar elecciones ni tampoco llegar a Moncloa para limpiar el panorama de corrupción y sus colas de cometa judiciales. Lo que quería era el poder. Lo misterioso es cómo una persona que asume el poder ejecutivo de un Estado a partir de una promesa determinada y mediante un multipacto rocambolesco y preñadísimo de exigencias sigue en el poder tres meses y medio después, y tiene la presencia de espíritu o el morro político de afirmar que no va a hacer lo que prometió anteayer, sino lo contrario. Y no pasa nada.

Bueno, no pasa nada bueno. No se limpia la podredumbre institucional, sino que se levantan nuevos casos de corrupción, escándalos y escandalillos en un país de alcahuetas y grabadoras de siniestros Torrentes con placa retirada que le dan al aspersor de la porquería desde el trullo. No se atiende a los asuntos importantes, sino a lo trivial: ni se podrán sacar adelante los presupuestos de Rajoy tuneados con gestos socialistas, ni se va a mejorar la cuestión catalana (los aspirants a pares de la pàtria no atenderán a nada que no sea lo suyo, presidente). Mientras, Sánchez se hace fotos en Manhattan rodeado de guardaespaldas, ¡ocho!, todos trajeados en negro. La nueva genialidad del asesor de marras, que ha dado un nuevo pelotazo de marketing político haciendo un guiño -por qué esa manía de poner las sucias manos sobre lo sagrado- a la intro de Reservoir dogs, en la que la banda camina en grupo, Tarantino incluido, ralentizado el caminar y acompasado a Little Green Bag. Utilizar este ya clásico del cine para intentar dar cochura de estadista a quien nunca lo será es inaceptable. Ya puestos todos, incluido quien suscribe, a quedarse en la fachada de las cosas. A coleccionar momentazos. Mientras, Sánchez repite como un niño que ha exigido su precio por prestar la pelota en el recreo: "Yo soy el capitán del equipo y tiro los penaltis" que es presidente. Cosa harto sintomática.

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