Notas al margen

David Fernández

Semáforos en verde

A los moteros les costará creer que en Jerez -el escaparate de lujo de Andalucía y España este fin de semana- se celebra como la mejor de las noticias que Endesa dé la luz a cinco polideportivos, y que la piscina cubierta recupere el agua caliente. El jerezano sabe bien lo que es quedarse a oscuras en la ducha y helarse de frío. Los turistas ni lo imaginan porque disimulamos de lo lindo y porque contemplan esta ciudad como ideal para vivir, con un cielo tan azul que sería imposible atravesarlo. Aquí los buenos aficionados a las motos pagan cientos de euros por dormir dos noches donde sea, con tal de pasear por el centro y respirar su ambiente. Como se ha vuelto a demostrar este año de puertas abiertas, les encanta poblar las principales calles y plazas. Si prueban media de fino congelada llegan a preguntarse cómo tenemos tanta suerte de caminar sobre la albariza y parir a tantos genios juntos. Ellos saborean cada rayo de sol y sí agradecen que la playa asome a diez minutos. Aquí no la apreciamos bien porque la tenemos delante. Incluso las cosas en apariencia más sencillas, como ganar un partido o pasear por el casco antiguo sin miedo, se valoran sólo cuando se alejan en el espacio y el tiempo. Habría que aprovechar los buenos ojos con que nos miran para construir futuro sobre el pilar del turismo. Parece fácil, pero nos cuesta ponernos todos a una. Hoy nadie de fuera que mire al circuito a mil por hora, recién pintado y con una nueva capa de asfalto que baña la rotonda de la Venencia, podrá entender tantos conflictos o que en esta ciudad algunos no sepan ver el vaso medio lleno jamás, como si se lo mandase el médico. Nadie que haya disfrutado el espectáculo desde tribuna o la pelousse, adivinará que a la misma Jerez que viste como un pincel se le funden los plomos de vez en cuando y llega a fin de mes de milagro. Los pocos que conocen nuestras miserias se lo deben a que nos hemos ocupado de airearlas. Hace tanto que esta ciudad no rema en la misma dirección, que ha olvidado su capacidad de innovar. Lo bueno es que su innata habilidad para emprender y la fama de sus resultados son tan poderosas que hoy en día sólo a un jerezano se le ocurre dudar del potencial de Jerez. La gente está harta de malas noticias, que se lo digan al Xerez, que se ha visto solo en su agonía del descenso. La sociedad sólo quiere oír propuestas para relanzar la economía. Una de las mejores iniciativas que ha impulsado el Ayuntamiento tiene que ver con la gestión del circuito, su mayor reclamo. Ahora hay que aprovecharlo, como se ha hecho, exprimiendo sus posibilidades. Desde que decidió el Consistorio explotar el Gran Premio, todo han sido buenas noticias, salvo para quienes se creían los amos del cortijo. Ahora las cuentas le salen a Jerez, que recauda las entradas, plantea el negocio y domina la escena. Hasta el centro ha recuperado la sonrisa. Y también sale ganando la Junta de Andalucía, puesto que obtiene más retorno a una menor inversión. Gracias a apuestas como el circuito, Jerez ha consolidado su marca como bien universal. Los semáforos están en verde, resta eliminar obstáculos, acelerar y salir a por todas.

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