Su propio afán

Senequismo en vena

El estoicismo, a diferencia de cualquier inyección, tiene sus buenos veintitantos siglos de ensayos clínicos

Cuando me pusieron la primera dosis, me avergonzó mi privilegio. Por pertenecer a un colectivo de riesgo, me colaron por delante de mi padre y de mi mujer (que debido a su esplendorosa juventud aún no tiene ni la primera). Aquella falta a los códigos de la jerarquía y de la caballerosidad no me dejó concentrarme en mi hipocondría.

Estos tres meses han servido para que cunda el caos con la vacuna, de modo que lo que parecía un privilegio ha terminado pareciéndonos un riesgo; y entonces ya me he quedado más tranquilo. Ayer me remataron (con perdón) la segunda dosis.

Como esta vez lo estoy viviendo sin remordimientos, me he dado cuenta mucho mejor de que la vacunación está siendo el mismo desastre que lo es todo en España de un tiempo a esta parte. Al final, la elección de una vacuna u otra se deja en manos de unos completos legos en la materia, a los que, además, no sólo no se nos da información clara, sino datos confusos, contradictorios y alarmistas. Claro que para lo que han demostrado saber los expertos sanitarios… Aquí a lo más que se alcanza el más sabio es a lo de Sócrates: sólo sabemos que no sabemos nada.

Pero la vacuna te la ponen. Mientras Sanidad llama al orden a las comunidades autónomas para que no recomienden la segunda dosis de AstraZeneca y asusta con los trombos y las tumbas, la Consejería abre la veda y nosotros tenemos que decidirnos por nuestra cuenta y, ay, riesgo. ¿Por qué he escogido yo otra ronda de Astra? Por Séneca. Ya que no tenemos ni idea, mejor tirar de estoicismo, aunque sea ceceando.

Alguno quizá piense que es una broma, pero que me digan otro criterio más fundado en las actuales circunstancias. El estoicismo, a diferencia de cualquier inyección, tiene sus buenos veintitantos siglos de ensayos clínicos y los ha ido superando con bastante éxito hasta ahora.

Mientras tanto, lo de España resulta esperpéntico con todo yendo fatal en todos los ámbitos. No es lo sanitario sólo: es lo económico, lo político, lo jurídico, lo internacional… No se puede (en el sentido moral, porque en el práctico ya vemos que se puede) hacer todo con esta poca previsión, falta de coordinación y menos responsabilidad. No sé si será un efecto de la vacuna, pero yo tengo un déjà vu decimonónico. ¿Recuerdan cuándo estudiamos los estertores de ese siglo con tantas decadencias y desastres solapados? A mí me obsesiona. Nos va a hacer falta mucho senequismo en vena.

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