HACE tiempo le oí decir a un ingeniero que trabajaba en el programa de fabricación del Airbus que este modelo de avión era perfecto. "¿Por qué?", le pregunté. "Muy sencillo: porque la tecnología es tan buena que el piloto ni siquiera tiene que pensar. Se lo damos todo hecho". Juro que sentí un escalofrío cuando oí aquello. Cuando yo era muy joven, hacia 1973, hubo un piloto español que consiguió hacer un aterrizaje de emergencia con un avión que había perdido un ala en pleno vuelo. Eso ocurrió en Francia, por culpa de una huelga de controladores. Unos controladores militares se confundieron de pantalla y metieron a dos aviones en el mismo pasillo aéreo. Los aviones chocaron. Uno se estrelló, pero el otro consiguió aterrizar con una sola ala. Gracias a la pericia del piloto, por supuesto.

Me gustaría saber si un Airbus le permitiría al piloto aterrizar con una sola ala. Al fin y al cabo, ese modelo está programado para pensar en lugar del piloto, si es verdad lo que me contó aquel ingeniero. Y si es así, es posible que el sistema informático del avión considere que un aterrizaje de emergencia en estas condiciones es una maniobra inaceptable. Imagino que el sistema tiene una lógica, y si falta un ala, el avión no puede aterrizar, ¿no? Y eso es lo malo del asunto. Hay momentos en que lo único que cuenta es la pericia de un buen profesional, y esa pericia sólo se consigue con preparación y con experiencia, es decir, con sangre fría, capacidad de improvisación y mucha audacia. Y no hay tecnología que pueda suplir estas cualidades.

Pero nuestra época muestra una veneración casi supersticiosa hacia la tecnología, y esa veneración puede tener muy malos resultados. Ofrecer ordenadores gratis a los escolares no significará nada si los escolares no están capacitados para extraerles todas sus posibilidades (y para ello hace falta saber geografía, inglés, historia, lógica, sintaxis y muchas otras cosas). Y lo mismo ocurre con el diseño del Airbus. Es posible que alguien se propusiera hacer un avión más inteligente que el mejor de los pilotos. Es posible que alguien decidiera construir un avión que pensara solo. Pero eso es imposible.

De momento, nadie sabe cuáles fueron las causas del accidente del Airbus de Air France. Dicen que unos sensores de velocidad defectuosos hicieron que el piloto mantuviera el avión a una velocidad inadecuada. Dicen que el avión estaba atravesando una tormenta. No se sabe nada más. Lo que está claro es que el avión se estrelló, tal vez porque se tomó la molestia de pensar por el piloto. ¿Era un avión perfecto? No lo parece. El mejor avión no es el que piensa por el piloto, sino el que le permite tomar la decisión adecuada en el menor tiempo posible. Así de simple.

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