Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Septiembre negro

Como el proceso jurídico de independencia no llegará a su fin, se busca la acción en la calle, el disturbio, la insurrección

Apenas unos días antes del intento del golpe de Estado del 23-F, los diputados electos de Batasuna abuchearon al rey Juan Carlos en la Casa de Juntas de Guernica. Se trató de una encerrona tan prevista que el Monarca prosiguió su discurso después del parón con un frase alusiva: "Frente a quienes practican la intolerancia..." Los militares que estaban en el ajo de aquella conspiración menearon el suceso para avivar los ánimos cuarteleros que, supuestamente, ellos mismos, los elegidos, habrían de apagar con el golpe blando que abortó la fanfarria de Tejero.

Felipe VI también atravesó su propia ratonera el sábado pasado, la encerrona que le prepararon la Generalitat en rebeldía y la ANC con motivo de la supuesta marcha de la unidad contra el terrorismo. En segunda fila, acuartelado y estelado, el Rey ha encajado la mayor humillación a la que se ha sometido a un rey desde la derrota de los partidos monárquicos en 1931.

Septiembre pinta negro. Este país ha evolucionado a la velocidad de la luz desde aquellos ochenta de ruido de sables y tricornios, pero la crisis institucional es similar a la del 23F: hay un intento de romper con la legalidad constitucional para segregar un territorio. Los independentistas más radicales, los de la CUP, quieren que las dos leyes de desconexión -la del referéndum y la de transitoriedad, que es una primera constitución- sean aprobadas antes del 11 de septiembre, fecha de la Diada. Como el proceso jurídico de la independencia no puede llegar a buen fin -el Constitucional lo anulará-, lo que busca la CUP y, en menor medida, ERC es la respuesta de la calle, bajo la dinámica de la acción-reacción-acción, lograr una jornada insurrecional de disturbios que se produciría el 1 de octubre si las fuerzas de seguridad se ven obligadas a retirar las urnas.

Entre los hitos de esta planificada escalada de tensión, la manifestación de Barcelona fue un ensayo de lo que ocurrirá el 11 de septiembre en la calle y con las leyes aprobadas, aunque sea por decreto. Para el día del referéndum, los independentistas tratan de convencer a la alcaldesa Ada Colau para que abra los colegios, porque si la capital queda ajena, el fracaso será muy evidente. Como en 1981, como en todos estos procesos, habrá tejeros voluntarios, radicales de otro signo dispuestos a hacer Cataluña y habrá quien proclame la independencia y, después, quienes tengan más temple reconducirán la insurrección hacia una negociación, hacia unas nuevas elecciones autonómicas. Con sus medallas puestas.

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