La esquina

josé / aguilar

Socialismo de camisa blanca

EL primer viaje oficial al extranjero de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE le brindó la oportunidad de departir con el primer ministro italiano, Matteo Renzi. Oportunidad breve: se reunieron durante veinte minutos. Ambos participaron, junto a otros dirigentes de la socialdemocracia más activa, en la Fiesta de l'Unitá (el periódico del Partido Democrático, de Renzi, en otro tiempo el potente PCI).

Sánchez ha confesado más de una vez que sus referentes políticos son Felipe González y Matteo Renzi. Un brillante líder que ya es pasado y un melón sin calar. Porque el único mérito conocido de Renzi como político nacional -dejemos aparte su éxito entre 2009 y 2014 en la Alcaldía de Florencia, que le ha quedado de dulce- es que cerró el paso a los populistas de Beppe Grillo en las elecciones generales y atrajo al 40% de los votantes. Pero como jefe de gobierno lo que ha hecho hasta ahora es prometer reformas a tutiplén sin que haya podido culminar ninguna de ellas.

Ambos compartieron mitin, e ilusiones, con el líder laborista de Holanda y con el primer ministro de Francia. De la valía del primero no sé nada. El segundo, Manuel Valls, de ascendencia catalana, no puede servir como paladín del nuevo socialismo. Designado por el presidente francés de las últimas décadas que más se ha desprestigiado en menos tiempo, fue un ministro del Interior especialmente duro con los inmigrantes y hoy es el jefe de gobierno que intenta fortalecer a la izquierda copiando la política económica de la derecha.

Todos ellos acudieron a la fiesta de l'Unitá cargados de optimismo y luciendo el que parece ser el uniforme reglamentario del socialismo europeo que pugna por salir del túnel: pantalones informales y camisa clara, preferentemente blanca, con las mangas recogidas por debajo del codo. Ni trajes indiferenciados de los de la derecha ni las tradicionales cazadoras mitineras. Ideas, pocas, más allá de la su autopostulación como motores del cambio en Europa y defensores de las políticas de crecimiento. También estuvo un dirigente del SPD alemán, que gobierna su país en alianza desigual con Angela Merkel, el mayor obstáculo continental a esas políticas.

En fin, la solvencia de Pedro Sánchez no va a poder sustentarse en sus compañeros europeos de generación e ideología. Sí, son relativamente jóvenes y coetáneos, pero ¿eso es todo? Más le vale centrarse en definir qué quiere hacer en España.

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