Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Un Suárez para Cuba

Al castrismo seguro que no le queda mucho, aunque a Fidel lo ha sobrevivido su Carrero Blanco en forma de hermano

No hay nada que se parezca tanto a una dictadura como otra dictadura. Aunque una sea pretendidamente de derechas y otra supuestamente de izquierdas. Seguro que todos los que en España vieron el sábado las imágenes de la televisión cubana con Raúl Castro leyendo el comunicado de la muerte de Fidel se acordaron del Arias Navarro de hace 41 años lloriqueando en las pantallas en blanco y negro lo de Franco ha muerto. Como las colas interminables ante el Memorial José Martí en la Plaza de la Revolución de La Habana evocan las que se formaron ante el Palacio de Oriente para dar el último adiós al que se llamaba en los medios oficiales Caudillo y Generalísimo. Hasta las declaraciones que ahora hacen a las televisiones los cubanos que son interrogados en las colas son muy similares a las que aquí se recogían en los muchos homenajes al dictador muerto, por más que se percibiera en el ambiente que al franquismo le quedaban un par de telediarios mal contados.

Pueden apostar a que al castrismo, tras la muerte de Fidel, tampoco le queda mucho. Aunque hay algunas diferencias con la situación española de aquella época que resultan importantes. La principal es que a Fidel lo sobrevive su Carreo Blanco, en forma, además, de hermano. Raúl Castro va a pilotar el comienzo del poscastrismo mientras que en España el asesinato de Carrero, uno de los episodios más extraños y peor investigado de nuestro siglo XX, allanó numerosos obstáculos para el cambio. Un cambio que pudo ser conducido por las élites del franquismo más lúcidas y que mejor leyeron que el sistema no se podía perpetuar tras la desaparición de su fundador.

Ahí está otra de las claves de la situación cubana: la gerontocracia comunista, algunos de los que un día fueron los barbudos de Sierra Maestra, han bloqueado la llegada de nuevas generaciones y, por lo tanto, de nuevas ideas al poder y a sus aledaños. En España, en los estertores de la dictadura, surgió un grupo compacto de jóvenes que ya no habían participado de forma directa en la Guerra Civil y que tenían, por obvias razones de supervivencia, mucho más interés en pensar el futuro que en recrearse en el pasado. Ello permitió que surgiera un Adolfo Suárez y que se hiciera la transformación que vivió España en muy pocos años.

¿Existe un Suárez agazapado en algún lugar del rancio entramado de poder del Partido Comunista? Hay motivo para dudarlo. La política que estaba aplicando Obama daba facilidades para que emergiera. Con Trump va a ser mucho más difícil. Pero bien harían los cubanos en buscarlo. Y si no, en inventarlo.

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