La esquina

Suelten a Ibarretxe

LO bueno de ser nacionalista es que nunca consideras que puedes estar equivocado. El nacionalismo no deja de ser un formidable ejercicio de autoexculpación constante. Si algo va mal, el nacionalista nunca se pregunta si él tendrá algo que ver con el fallo. La culpa será siempre de los otros. Los otros, por definición, son los que no han tenido la suerte de nacer con la identidad correcta. Pueblo elegido (o raza, o clase o religión) no puede haber más que uno.

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