Fue Abderramán III el que se lamentaba en 961, tras haber reinado más de 50 años "en victoria o paz": Los días de auténtica felicidad que he disfrutado suman catorce. Se supo "amado por mis súbditos y temido por mis enemigos. Riquezas y honores, poder y placeres, aguardaron mi llamada para acudir de inmediato. En esta situación he anotado diligentemente los días de auténtica felicidad que he disfrutado, suman catorce". Cuesta trabajo leer algo así fuera del tiempo ni como algo en realidad excepcional. Dicen que nuestro Rey Juan Carlos dijo algo parecido en cierta ocasión, que no le fastidiaran los pocos días felices por los que atravesaba, eran los únicos felices de su vida. Debe ser el sino de las coronas. Nulla paxperpetua, decían los romanos. Ayer, la señora Tal volvía a hablar en el telediario para decirnos que somos idiotas o pensando que lo somos en verdad y, por lo tanto, cualquier cosa vale. Pero alguno estaba que no cabía de gozo. Un telediario nacional daba cuerpo de naturaleza a una web de noticias, y a su director, un personaje detestable y detestado. A costa de poner en la boca de la señora Tal algunas trolas tan gordas que de seguro que hay quien se las cree sin pestañear. No pierdo el tiempo en enunciarlas ni en replicarlas. Ni en aventar el veneno rubio que la señora Tal está lanzando a los cuatro vientos de España y a los doce del Mundo. Por eso, viéndola como lo que es (alguien que ha logrado reunir una fortuna de aquella manera) le mando esta confesión de Abderramán III a su víctima más reciente. Lo suelen decir también de los artistas (¡Ser feliz y artista / no lo permite Dios!), curioso que sea el consuelo de tonto de algunos, con la paciencia alada de anotar cada día la nota distintiva. De la felicidad.

Riqueza y honores, poder y placeres… Esa receta, como de canción de Manolo Escobar, cuenta el amor tan amargo que posee… Sólo catorce días de auténtica felicidad. En 50 años. Construir para que caiga en tierra, las muchas palabras de la Biblia que tratan de esta sabiduría, y no precisamente en tierra fértil. Por eso estamos aquí recordando el fragmento de la vida de Abderramán III, su profunda amargura, el resumen de todos sus afanes: sólo catorce días de auténtica felicidad. Que no es otra sino la que traspasa y hace que vueles, te eleves de mal nuestro de cada día, aunque no lo dijera con estas palabras. Enviad si os parece esta amargura a algunos, que aprendan que todo esto ha pasado más veces. Nulla etcétera.

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