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Sun-Tzu

Quizá a Vox no le conviene ser el partido de los generales, pero Rosety es el primero en anunciarse y en Cádiz

El autor de El arte de la guerra aplaudiría el movimiento táctico de Vox de nombrar al general de Infantería de Marina Agustín Rosety como cabeza de lista por Cádiz. Sus contraindicaciones están caducas. La imagen de un general metido en política la ha blanqueado Podemos con el señor Julio Rodríguez. Es bien llamativo que aquí blanquee la izquierda extrema, pero es lo que hay, y como Rodríguez fue lo que hubo, ya nadie se atreverá a ponerle un pero democrático a Rosety. El votante antimilitarista, además, Vox lo trae descontado de fábrica. Aún más, votar a un general a estas alturas tiene un punto subversivo y antisistema, paradójicamente, muy de derecha alternativa.

El señor Rosety, generalato aparte, aporta también su edad: 70. Parece una contraindicación, pero es un contraataque. Si recordamos que Vox goza de más predicamento entre los jóvenes y los de mediana edad, pero que cae en picado entre los mayores, que prefieren el pájaro (gaviota o charrán) en mano del PP; este nombramiento es una envolvente sobre el terreno que habría aprobado Sun-Tzu. Un guiño generacional a los votantes menos propensos de toda España, y con un bagaje que se lo hará atractivo. A los votantes de Vox más jóvenes de la provincia de Cádiz ya les vale con Twitter y con Abascal.

Por tanto, su candidatura coordina -como la infantería de marina- todo tipo de fuego: naval, aéreo, artillero… A los rivales de los otros partidos les subraya, como si nada, el perfil político profesional. Trae un aire estadounidense, donde los generales sirven a la patria en política tras haberla servido en el ejército hasta las canas o la alopecia. Las armas y las letras, vaya, y no sólo las letras legislativas, que es de las que hablaba don Quijote, sino también las cultas, pues Rosety ha escrito libros de Historia y es miembro de la Real Academia Hispano Americana de Cádiz. Lo más trascendente es que exporta el prestigio de su institución a la política, que falta le hace, y más en estos tiempos de grave crisis (¡precisamente!) institucional.

En lo electoral, hay que tener en cuenta el tirón de la extensa tradición militar de nuestra circunscripción y las hondas relaciones históricas y sentimentales con la Infantería de Marina. En lo personal, siendo infante, le suponemos preparado para combatir en una cabeza de playa, que será lo que metafóricamente espera al grupo parlamentario de Vox en esta legislatura.

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