La columna

Bernardo Palomo

Tiempo de pavitos

Me llama mi primo Arturo para preguntarme si yo sé lo que es el Día de Acción de Gracias. Me pongo en guardia. Cualquier cosa de este tipo que venga de mi primo Arturo encierra alguna más que dudosa intención.

Primo, eso es lo del pavo de los americanos -le digo, no sin el mayor de los recelos-. Eso, primo, lo mismo que lo de "jalowin" pero poniéndose morados de pavo relleno sin ser Nochebuena. Resulta, primo -continúa- que ha venido el niño del colegio y me ha pedido que le pinte un pavo. Estarán dando las aves. No, primo, no seas imbécil. Van a celebrar el Día de Acción de Gracias en la escuela.

Dice el niño que unas madres se han puesto de acuerdo para llevar comidas, van a cantar canciones referentes al día y se va a decorar la escuela con pavitos. Bueno, primo, eso está bien -le dije en plan corporativista-, así conocen la cultura de otros sitios.

Mira, primo - continuó en sus trece-, si tú que eres maestro, dices que el viernes de Dolores vas a sacar una procesión con un pasito por el patio del colegio, los padres que ahora celebran el Día de Acción de Gracias ponen el grito en el cielo por proselitista, algún que otro maestro de esos que defienden la cultura de otros sitios informarán del hecho a la Inspección; esta, a lo mejor, te inicia un expediente e, incluso, algún exaltado, pedirá públicamente tu cabeza; tú te convertirás en un personaje poco digno que defiende posturas ultramontanas y que va en contra de un estado laico, serás un indigno hereje -laico- del que habrá que tener cuidado por sus ideas conservadoras y ajenas a los tiempos.

Lo moderno, primo, lo que vale la pena potenciar es "jalowin" y el Día de Acción de Gracias; con que, ya sabes, ahora, a comer pavito y tartas de ruibarbo o como se llame eso.

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