El invierno influye de manera considerable en nuestra gastronomía. Así, cuando aparece el calor en verano apetecen alimentos frescos y ligeros, con el frío del invierno nuestras preferencias se acercan a la comida caliente y ciertamente contundente. En este sentido, también podríamos alinear a los vinos. Tintos. Con sus distintas tonalidades de rojo, desde más claro hasta más oscuro. Vinos tintos que, saliéndonos de los habituales Rioja o Ribera del Duero, también podemos encontrar en nuestra tierra. Con Indicación Geográfica Protegida de la Tierra de Cádiz. Grandes vinos tintos, elaborados con las uvas tempranillo, syrah, merlot, cabernet…O con la recuperada tintilla de Rota, uva autóctona de nuestra provincia, gracias al empeño de algunos bodegueros. Una variedad de uva que aporta su especial personalidad. En definitiva, vinos muy buenos, que nacen de la tierra fértil que baña nuestras viñas y que por tanto, gracias a la riqueza del terruño, convierte a estos tintos en grandísimos vinos con identidad gaditana. Vinos fantásticos para maridarlos con carnes rojas, especialmente las magras (con menos de un 10% de grasas) como la ternera o el cordero, o también de buey, de toro o de pato, entre otras. Maridajes entre tintos y carnes que convierten a nuestras comidas de invierno en experiencias gastronómicas. Otro de los platos rojos típicos de nuestra tierra es el menudo, maridaje ideal con cualquiera de los tintos que se elaboran: en Jerez, bodegas como Luis Pérez o Cortijo de Jara; en El Puerto de Santa María, como bodegas Forlong, o en Arcos como la bodega Huerta de Albalá. Sin desmerecer, por supuesto las frutas y verduras rojas que, en invierno, están de temporada como son la fresa o el tomate. En resumen, el invierno pinta a los alimentos, a sus vinos, a sus frutas y verduras. Y convierte esta temporada en un tiempo de rojos.

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