Tierra de nadie

Alberto Núñez Seoane

Cuatro meses y tres semanas

Si usted, en alguno cualquiera de esos malos días que suelen aparecer en medio de los otros días, está cabreado con el mundo, o se piensa traicionado por quien menos lo esperaba -como a menudo sucede-, o no se encuentra valorado por quien manda en su trabajo, o no se siente correspondido en la medida en la que le gustaría por la persona a quien ama o, simplemente, ‘se le cruzan los cables’ por cualquiera de las muchas gilipolleces por las que, con suma frecuencia, permitimos que se nos borre la sonrisa de la cara, y la del alma también, sepa que la Ley, en la España de hoy, la que nos han ‘regalado’, o consentido, los políticos de los últimos cuarenta años, le permite asestar a un policía cuantos navajazos le apetezca –siempre que no acabe con su vida-, a razón de 140 días de condena por puñalada, en una cárcel que, si usted no tiene antecedentes penales, nunca pisará. Da igual que esté usted ejerciendo una actividad ilegal, que se abalance, como un becerro enloquecido, contra el agente de la Ley, que le clave la navaja dos, tres o cinco veces… no se preocupe, no le pasará nada, no se considerará ‘homicidio en grado de tentativa’, ¡¡por Dios!!, ¡a quién se le puede ocurrir semejante atentado a la democracia…!, sino una simple ‘agresión a la autoridad’, con lo que con una orden de alejamiento –se va usted al pueblo de al lado una temporadita o, sencillamente, se la salta cada vez que le salga a usted de sus santos cojones, si los tiene, o de los sacrosantos ovarios, en otro caso- y antes de que el gallo cante, estará usted curado de su ataque de ansiedad. Es más, probablemente podrá usted solicitar ayuda psicológica, gratuita, claro, a alguno de los organismos públicos, para que le atiendan y le acompañen en su dolorosa recuperación. Del policía no se preocupe, a él lo volverán a mandar a la calle, a que se siga exponiendo a navajas, piedras, golpes, amenazas o insultos de ciudadanos impresentables como usted, para ‘justificar’ el escaso sueldo con el que le mal pagan por jugarse la vida cada día defendiéndonos de la repugnante lacra de la que usted forma parte.

Así son las cosas… esto es lo que hay. A una pobre señora, desahuciada y sin recurso alguno, le pillan robando en un supermercado dos botellas de leche y cuatro latas de sardinas, y le caen siete años de prisión; a usted, que vendía mercancía ilegal, e intentó matar a un policía uniformado metiéndole cinco navajazos, uno de ellos en el cuello, no; porque usted, cabestro de mierda, usted “no es culpable” de intento de asesinato; simplemente, tuvo un pronto malo… ¡pobre…! El policía, los policías, los ‘civiles’, los que lo arriesgan todo por nuestra seguridad, esos se cuidan solos, no hay que echarles cuenta; la Ley está para otras cosas, cosas como proteger a gusanos infectos como usted y los de su calaña; para salvaguardar ‘los derechos’ de los ocupas de casas ajenas, en las que entran y no hay forma legal de echarlos; de los carteristas con 800 detenciones, que siguen en la calle, descojonándose de los agentes que los detienen un día detrás del otro; de maltratadores, monstruos siniestros e infames, que pasan unos meses a la sombra y salen con permiso de fin de semana, para que les dé tiempo a seguir apaleando a su mujer, o a sus hijos, o a sus ancianos padres, o a todos a la vez; de ladrones que atracan y machacan a sus víctimas sin derecho a la legítima defensa, sin derecho a pegarles dos tiros, mientras, ellos, invaden y allanan nuestras casas, donde vivimos, la propiedad que debiera ser la más sagrada; de los violadores, escoria inmunda donde la haya, solitarios, reincidentes, o en manada, igual da, que ‘escapan’ con condenas de auténtica coña marinera, insultantes, demoledoras, letales para las víctimas y sus familiares, alentadoras para que otros babosos miserables y rastreros se animen a destrozar la vida de la próxima víctima inocente.

Ya le digo, ‘amigo’, tranquilo, vive usted en un país que se llamaba España -así se sigue llamando, porque cuando le fueron a cambiar el nombre, ‘el coño de la Bernarda’ ya estaba registrado, de modo que se tuvo que quedar con el que tenía-.No dudo que los jueces aplican la Ley, pero la Ley puede no estar ajustada a las circunstancias, y puede, también, no ser justa. Obligación primera, crucial y ‘sine qua non’, de los que cobran de nuestros impuestos por sentarse en el Congreso para aprobar leyes, es trabajar, estudiar y esforzarse, al máximo, para que éstas, las leyes, se ciñan todo lo humanamente posible, a la Justicia, para que se adecuen al modo de vida del momento en el que se promulgan, para que sean acorde con las costumbres y los usos de las gentes que tenemos que cumplirlas.

No hay excusa: cuando algo no funciona, hay que cambiarlo; mañana no, hoy. Para eso pagamos a políticos, técnicos, especialistas, asesores y administrativos. No se puede vivir así, esto se está convirtiendo en un desmadre institucional. Cinco navajazos… a un policía en servicio y de uniforme… por un fuera de la ley, que… no pisará la cárcel.

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