Huelva Hallado el cadáver de una joven en la zona donde se busca a Laura

Este fin de semana pasado parece ser que, sin que nadie lo remediara y sin permiso de la autoridad, se dio el pistoletazo de salida para ese cada vez más grande espacio temporal donde se celebran las zambombas. Ya todo está consumado. No habrá un lugar bajo el sol -o bajo los diluvios de estos días- que no encontremos una zambomba; algunas de ellas verdaderas zambombás, como dicen por ahí, por la pena que producen y el flaco favor que le hacen a este aspecto de la fiesta tan de Jerez. Aunque Doña Alcaldesa hubiera establecido una especie de calendario; a Doña Alcaldesa le han hecho el mismo caso que a mí me hace, a veces, mi hijo. A partir de ahora, 'Calle de San Francisco', 'Tin, tin, Catalina' y todos esos que ustedes conocen -o no-, machacarán los oídos hasta la saciedad y se pasarán la verdadera tradición y el calendario canónico de los villancicos de Jerez, por el Arco de... quizás mejor sería decir por la misma calle de San Francisco. A este que esto les escribe, que nunca le levantó la música navideña -ni la de ninguna otra época- le parece que lo de las zambombas se ha ido de madre. La tradición ha quedado, si no en el olvido más absoluto, sí en unas pocas, muy pocas, manifestaciones verdaderas de lo que, dicen, han sido siempre las zambombas. Esos grupitos pseudoprofesionales del asunto, que aparecen en esta época, contratados por bares y restaurantes poco informados o con pocos escrúpulos sobre la tradición, para ¿deleite? de los visitantes, van a convertir las zambombas en un burdo remedo de nada que, cada vez, va a interesar menos. Como no se ponga un poco de sensatez, también, a esto, estas actuaciones, tan de Jerez, con tanta tradición a cuestas, verán la luz definitiva del cierre total. Claro que siempre nos quedarán aquellos puros que sabrán guarecer un tiempo y una realidad que se merece mucho más.

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