Su propio afán

Tomos y tomas

Unos presupuestos ajustados serían, además, un buen supletorio de la virtud política de la prudencia

Cada campaña electoral, recuerdo con veneración a Hyppolite Taine, que, con apenas 21, viendo que le tocaba votar por primera vez, pensó que le faltaba formación para hacerlo y que ignoraba la esencia de Francia. No votó, en consecuencia, autocrítico. Se puso a estudiar y no acabó hasta más de 25 años después, publicando una obra monumental en cinco tomos titulada Orígenes de la Francia Contemporánea (1875). Me temo que yo, con 49 tacos, voto más a la ligera, y me pesa.

Admirable, pero no práctico, el ejemplo de Taine nos debería servir al menos para sopesar la gravedad de la acción política y sus implicaciones filosóficas, históricas, morales y económicas. Si eso es para un voto de nada, como lo es, ¿cómo debería serlo para la toma de decisiones en el Gobierno? No digo que los políticos tengan que escribir cinco tomos, pero tendrían que leer algo. Franco, con perdón, le dijo al Príncipe de España, don Juan Carlos, que si quería entender bien a los españoles debía leer los Episodios Nacionales. No le puso una tarea demasiado filósofica: ni a Donoso Cortés ni a Menéndez Pelayo ni a Ortega ni Gasset, siquiera. Yo siempre he tenido la curiosidad de si el rey emérito lo hizo o no. De lo leído por Pedro Sánchez tengo dudas hasta de su tesis y de Mariano Rajoy no me cabe duda de que el Marca.

Si nosotros no escribimos cinco tomos sobre los orígenes de la España contemporánea, ay, ni los que nos gobiernan parecen plantearse asuntos a medio plazo ni para atrás ni para adelante, ¿qué votar y cómo? ¿Abstenerse, como Taine, unos 25 años?

Una medida prudencial sería votar a quien menos impuestos nos tome. ¿Por qué? Porque nos permitirá gastar ese dinero en aquello de lo que sí sabemos algo. Y, además, porque la falta de dinero público, que no es de nadie a efectos psicológicos del gobernante, como declaró con un lapsus freudiano Carmen Calvo, sería un buen supletorio de la prudencia. Tener que reorganizar la administración, limitar los gastos suntuarios, olvidar la pólvora ajena, ordenar las prioridades y ajustarse el presupuesto sería un equivalente bastante aceptable de abstenerse de actuar hasta que no se tienen todos los elementos de juicio. Esta mezcla de la inconsciencia de votantes y gobernantes con unos presupuestos mastodónticos y una presión fiscal siempre al alza a la que ni unos ni otros han puesto freno hubiese sido la pesadilla del sensato Taine de 21 años.

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