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Tierra de nadie

Alberto Núñez Seoane

Tremendo… ¡Porque no es así!

LA que estamos viviendo es una situación excepcional, cierto; nadie estaba suficientemente preparado para hacerle frente, cierto; no era posible predecir los efectos que podría llegar a tener, cierto. Esto, a poca sensatez que se tenga, no se puede discutir; bien.

Lo tremendo es lo que viene ahora, una brutal tragedia en dos actos: escalofriante, el primero; sencillamente repugnante, el segundo.

Comenzamos, como diría Pedro Sánchez, por el primero –no rían, cuando de él hablamos, nada puede darse por sentado-. Pero, antes de entrar en detalle, quiero recordarles que lo tremendamente grave de todo esto es que estamos hablando de vidas humanas, hablamos de personas que se han ido y no van a volver jamás, personas que han muerto; esto, por encima de todo, es lo realmente tremendo.

Pues bien, una vez conocido el brote de la epidemia en China, a mediados de diciembre; habiendo visto, más adelante, lo que estaba pasando en Italia, atención: ¡con quince días de antelación a su aparición en España! -calculen: 15 días a 523 fallecidos por día, que es la media diaria de los 25.100 muertos durante 48 días desde que esto comenzó en nuestro país, son 7.845 vidas-; habiendo sido avisado, ¡hasta en tres ocasiones! –la primera de ellas en el mes de enero… ¡Enero!–, por la Organización Mundial de la Salud; a pesar de todo esto, el Gobierno de Pedro Sánchez no hizo nada de lo que debía haber hecho, ¡absolutamente nada!; este, también es un hecho, opinable -si se empeñan-, pero no discutible –por mucho que se empeñen-. Y no lo es porque en el caso de haber hecho lo que tuvieron y debieron hacer, cuando debían y tenían que haberlo hecho, España estaría en una situación bien distinta a la que hoy padece: ¡escalofriante!

Hoy, España es el país del mundo con más muertos -314- por millón de habitantes: el… primer… país… del… planeta… ¡sí! Nos siguen: Italia, con 292; Bélgica, con 193; Francia, con 158, así hasta llegar –en Europa- a Irlanda, con 43. Otros países en los que se actuó bien y –sobre todo- a tiempo, han registrado un número de fallecimientos infinitamente más bajo que el nuestro: Portugal: 1.007, Rumanía: 744, Dinamarca: 460 –sin confinamiento-, República Checa: 240, Noruega: 210 –sin confinamiento-, esto en Europa… por no hablar del resto: Rusia: 1.169, Corea del Sur: 248, Israel: 223, Australia: 93, Singapur: 16, México: 1.859, Argentina: 218, Sudáfrica: 116, Etiopía: 3, o Mozambique: 0. Y esto es así: en España han muerto, y van a morir, muchas más personas de las que no hubiesen podido salvarse de ningún modo. El único responsable de esto es el Gobierno: es quien tiene todas las competencias, medios y herramientas para actuar, pero no lo hizo, ni cuándo ni cómo debía haberlo hecho; no entro ahora en los motivos: no lo hizo, luego es el único responsable. Punto.

El repugnante, el segundo acto –que va después del primero, aclararía Sánchez- es la actuación del Gobierno desde la proclamación del estado de alarma. A la falta absoluta de coordinación –se supone que el objetivo del estado de alarma, que implica el mando único del Gobierno central, es precisamente coordinar todas las actuaciones para ser más eficientes y rápidos en las respuestas- se une una improvisación obscena e impresentable, la ausencia de consenso con oposición y Autonomías, los errores grotescos en las compras de material sanitario, la desinformación continuada, la sucesión ininterrumpida de fallos y contradicciones, la sobrecogedora incapacidad para proporcionar el material imprescindible a los sanitarios para atender a los enfermos, la manipulación y ocultamiento de datos, la inexistente sensibilidad con las familias de los fallecidos, el desprecio insultante a todos los que se atreven a contradecir o simplemente opinar en contra de las tesis gubernamentales –muchas de ellas ridículas, absurdas o demenciales- y, para concluir, está la actitud de un Gobierno formado en su mayoría por ineptos “e ineptas”, incapaces “e incapazas”, inútiles “e inútilas” –quédense con el sinónimo que más les guste, o con dos de ellos…-, atrapado en el cieno de su propia incapacidad; una actitud que yo tildaría de delictiva por el hecho de que, como resulta evidente para quien lo quiera ver, su esfuerzo primero no es otro que buscar “responsables” externos para evadir responsabilidades y tener la opción de mantenerse en el poder.

Con procedimientos deleznables, y repugnantes, ningunea una y otra vez a oposición y Autonomías ajenas a su partido -literalmente se cachondea de ellas-, buscando, sin decirlo, la confrontación y el cabreo consecuente que llevaría a la falta de apoyo para una, o dos, nuevas prórrogas del estado de alarma, esto –si las cosas empeoran o no mejoran como se espera- daría al gobierno argumentos para culpar al resto de formaciones: “han sido ellos, la derecha, son los responsables”. Por otra parte, las continuas rectificaciones, anulaciones, modificaciones… el caos generalizado en las normas que van saliendo como churros agrios, provocará importantes incumplimientos –ni conscientes ni malintencionados- por parte de muchos ciudadanos, ya tendrán otra cabeza de turco: la culpa será nuestra, por haber sido “desobedientes”, no de ellos.

Lo tremendo es que es así, no como nos lo están contando. Si las cosas se hubiesen hecho bien, en tiempo y forma, no hubiésemos tenido que estar dos meses encerrados, la economía no se iría al carajo, como se va a ir, y lo que más importa: hubiesen muerto bastantes menos personas de las que, por desgracia, lo han hecho, y lo harán. Esto es de perogrullo, la prueba, que no admite discusión, la tenemos en muchos de los países que antes he mencionado. No, las cosas no son como nos dicen porque el poder ejecutivo, el máximo responsable de propuestas, decisiones, medidas, actuaciones y soluciones, no está actuando por lo que nos quiere hacer creer: “argumentos” o “medidas”, “decisiones” y “conclusiones”, “responsables”, “no colaboradores”, “buenos o malos”, lo son en función de que al Gobierno, a este Gobierno, le sirva, o no, para salir de “esta” sin quemarse el culo y chamuscarse las pudendas partes, de unas y unos –no se vaya a molestar alguien por quedar excluido del achicharre de la entrepierna-. Es tremendo, sí, porque para quien nos manda lo “primero” no es lo primero: ellos son lo primero, después… lo demás y los demás. Es mi opinión, por supuesto, pero si se preocupan en comparar, con algo de objetividad, arengas con actuaciones y decisiones; si examinan lo dicho y lo contrastan con lo hecho y lo que se hace, verán que su egoísmo pecuniario, su inmodestia, su incapacidad, su engreimiento, su falta de honestidad y de sinceridad, su cicatería mental, su nula amplitud de miras y la ausencia absoluta de suficientes mujeres y hombres de Estado, es tal cual les digo: ¡tremendo!

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