La retirada de la inmunidad de Puigdemont nos deja, de rebote, declaraciones preocupantes. Quizá pasen desapercibidas por la alegría de ver que nuestro ordenamiento jurídico sale bien parado por los pelos o por las inesperadas elecciones en Madrid, pero no deberían. Son las declaraciones de esos eurodiputados que aseguran que España ha tratado mal a Cataluña [sic].

El proceso de construcción europea tiene un problema primario. Falta unidad social europea, y los entes políticos sólo se construyen de abajo arriba. La ausencia de un idioma común es un hándicap y la inexistencia de medios de comunicación europeos hace imposible que exista una opinión pública continental. Como se sabe de sobra, la democracia es un régimen de opinión, así que la UE nunca podrá funcionar jamás como una democracia si no remedia pronto esos déficits.

La ignorancia y la indiferencia de unos países con respecto a otros alcanza simas hondísimas, también entre los mismísimos eurodiputados que se dedican a esto profesionalmente. No tienen ni la más remota idea ni de la historia ni de la actualidad política ni de la situación jurídica de un país miembro en un tema crucial en el que éste se juega su existencia. Supongo que las demás naciones podrán quejarse de lo mismo de nosotros.

Sin idioma común, sin periódicos ni canales de televisión europeos y sin un conocimiento mutuo mínimo, Europa no puede ir muy lejos como ente internacional. Cuando se combina con la ambición burocrática de comerse las soberanías, con cierta ineficacia elefantiásica y con unos prejuicios ideológicos muy sesgados, hay que echarse a temblar. Pero lo que falla es muy anterior: la base básica, si me permiten la insistencia.

Habría que reducir drásticamente los pingües puestos de eurodiputados y canalizar ese pastón a la creación de redes modélicas de información. En España tenemos la triste experiencia de cómo las televisiones autonómicas han contribuido a forjar una identidad política que antes no existía. ¿No puede hacerse lo mismo, pero para unir? También sería necesario que se estudiase mucho más a fondo en los colegios de todos los países la historia y la cultura de todos los países. Sé que es difícil, porque ni en nuestros colegios se estudian nuestra historia y nuestra cultura; pero a la vista de todos está que con el programa Erasmus, por divertido que haya resultado, no da para construir una UE unida ni europea.

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