Su propio afán

Universidad

Que en una universidad boicoteen un homenaje a Cervantes cuestiona a la misma y al sistema educativo

Se me hicieron bola los periódicos y las lecturas del día. Madrugué con la noticia de la inmensa deuda que acumulan los estudiantes universitarios de Estados Unidos, que supera al PIB español. Amigos cuyos hijos han tenido que pedir préstamos para poder ir a nuestra amada Universidad de Navarra me decían, por consolarse de no poder pagársela: "Como en América". Y yo pensaba que tal vez los míos tenían que recurrir al expediente crediticio. Ahora tiemblo, por ellos y por mí.

Luego, están los alborotos de la Universidad de Barcelona, donde unos fascistas ("los fascistas del futuro se llamarán a sí mismo antifascistas") han llamado "fascistas" a unos señores que querían celebrar una conferencia sobre Cervantes (¡sobre Cervantes!) y no pudieron. "Fuera fascistas de la Universidad", gritaban, ignaros de su cinismo especular.

Tampoco me ayuda andar leyendo a Gregorio Luri (El deber moral de ser inteligentes) que, aunque siempre de buen humor, denuncia los fatales errores teóricos que vician tanta pedagogía bienintencionada. Y tengo reciente una relectura de Natalia Ginzburg, a la que su padre dejó sin ir a la escuela para que estudiase en casa, por miedo a las infecciones (en su caso, médicas). Y no le fue mal el homeschooling, ¿verdad? También parecía ser la opción de Marco Aurelio, emperador de estoicos, que aconsejó: "Buenos maestros en casa, en eso hay que gastar de forma espléndida".

Así que acabé preguntándome si no terminará siendo mejor quedarse fuera de una universidad de la que pueden echarte… por amar y honrar a Cervantes, espejo de tolerancia, modelo de comprensión, pozo de piedades. Ahora que celebramos el cincuentenario de Mayo del 68 lo hacemos, por lo visto, con un remake de la universidad convertida en maelstrom. Y más allá, ¿les habrá compensado a los endeudados estudiantes norteamericanos su paso por las aulas de ahora? En términos económicos, se ve que no. ¿Pero en términos intelectuales? ¿No les habría ido mejor gastando de forma espléndida (y más barata) en los buenos maestros de los grandes libros?

Como hay que ir a la universidad, se irá; pero de los grandes maestros en casa (libros, ritos, tradiciones) vamos a depender más que nunca, habiendo sido tanto siempre. Para llegar con la principal lección aprendida y para dar, en toda circunstancia, la batalla por la libertad y por los verdaderos principios (que nunca son a crédito, sino al contado).

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