Para derrocar al coronavirus hemos de hacerle en una envolvente en todos los frentes. En lo social, aislándonos; en lo sanitario, con las pruebas masivas -que es lo que funcionaría- y con la heroica atención clínica; en lo familiar, con los ánimos y apoyos; en lo político, ay; y en lo psicológico, y en lo cultural, y en lo espiritual… Nada sobra.

Por eso y por una afición que ya venía de antes, he recibido con alborozo la cita que circula por las redes del Diccionario del Vino de Jerez (1965) de Julián Pemartín. Se nos cuenta que un informe de 1883 de la Academia Médico-Quirúrgica Jerezana aseguraba que «la acción de este vino sobre el organismo es reparadora, despertando el apetito, facilitando la digestión y dando vigor para todos los actos, tanto físicos como intelectuales, por lo cual se recomienda su uso diario». Se trata de un informe convincente, y aún no he transcrito lo mejor: se encarece "especialmente cuando hay epidemias, pues, entonando el organismo, crea cierta inmunidad relativa para estos males, como pudo comprobarse en Jerez durante la epidemia de cólera en 1834".

Si fuese el único informe, viniendo de doctores del Marco de Jerez, podríamos sospechar de parcialidad. Pero tenemos el estremecedor testimonio del benemérito Dr. Nathaniel Hodges. Durante la Gran Plaga, que diezmó Londres en 1665, fue el único médico que sobrevivió. En sus memorias atribuyó su inmunidad a su dosis diaria de "Sherris Sack", que "no sólo le dio resistencia, sino también el optimismo necesario para atender a tantísimas víctimas y dispensarles curación o, al menos, alegría".

El jerez siempre tuvo fama de salutífero. La lección de ingreso de mi padre en la Real Academia de Farmacia versó sobre sus usos medicinales, y allí recordó los elogios de Fleming, Marañón y Federico Rubio. Su utilidad contra las epidemias nos viene al pelo, por desgracia, y, por fortuna, no dan información infundada, como la que tanto abunda estos días. Los partidarios del jerez confiesan honradamente sus límites: crea "una cierta inmunidad relativa" y da "resistencia" y "el optimismo necesario". Pero ni los abstemios ignoran que el estado de ánimo fortalece nuestro sistema inmunológico, además de ayudarnos a amenizar la cuarentena. Lo escribo con un ligero temor, porque tal vez puedan acusarme de frivolidad en estos momentos graves, pero nadie acusaría al venerable Dr. Hodges, que se jugó la vida.

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